Unas 330 mil personas mueren ahogadas al año

Las muertes por
ahogamiento constituyen una crisis de salud pública que podría prevenirse, y
los descensos observados en los dos últimos años no bastan para alcanzar los
numerosos Objetivos de Desarrollo Sostenible a los que la prevención de los
ahogamientos puede contribuir.

El ahogamiento es un
evento en el que la respiración se ve comprometida debido a la inmersión o
sumersión en un líquido. Dependiendo de la gravedad, puede tener diferentes
desenlaces, desde una recuperación completa sin secuelas, hasta complicaciones
de salud o incluso la muerte. Por su parte, los niños
corren un riesgo particularmente alto de ahogarse, ya que su capacidad para
evaluar el peligro está poco desarrollada y carecen de habilidades de natación
y seguridad en el agua. La amenaza de ahogamiento aumenta cuando los niños
entran en contacto con el agua sin la supervisión de un adulto
”, aseguró la Dra. Valeria El Haj, Directora Médica Nacional de OSPEDYC.

El ahogamiento representa en la
Argentina una de las primeras causas de muerte en niños de 1 a 3 años y se
considera el grupo de mayor riesgo y más vulnerable a los niños desde que
empiezan a caminar o movilizarse por sí mismos (aprox. 12 meses de vida) hasta
los 5 años[1]. No
obstante, los especialistas coinciden en que existe un importante subregistro o
registro inexacto de casos, y que la cantidad de muertes por ahogos podría ser
aún mayor.

La Dra. El Haj sostuvo que “la supervisión de los niños
pequeños en el agua debe ser cercana, constante, competente y atenta por un
adulto responsable. Es una estrategia preventiva fundamental que también incluye la necesidad de identificar zonas
peligrosas para los niños. En el caso de los adolescentes, la mayoría de los
ahogamientos se producen por la combinación de un exceso de confianza en las
habilidades para nadar, la subestimación de situaciones peligrosas en el agua y
el consumo de alcohol y/o drogas
”.

Es importante, en cada familia,
poner como prioridad el aprendizaje de la natación por parte de sus
integrantes, de modo preventivo.
Se debe tener en cuenta que el momento de inicio del aprendizaje de la natación
es individual y depende de una variedad de factores, como la frecuencia de
exposición al agua, las condiciones de salud, las limitaciones físicas, la
madurez emocional y el acceso a técnicas de enseñanza adecuadas en ambientes
controlados.


Prevención de ahogamiento en aguas claras sin movimiento

Piletas,
bañeras familiares para niños y adultos, tanques australianos, diversos
recipientes
donde pueda introducirse un niño.

  •  Incentivar la enseñanza de la natación a
    partir de los 4 años.
  • Cerco
    perimetral completo de 1,30 m de alto como mínimo, enterizo o con
    barrotes verticales separados por una distancia máxima de 10 cm (jamás
    barrotes transversales que faciliten el “efecto escalera”).
  • El
    cerco debe tener una puerta única con un mecanismo de apertura-cierre no
    accionable por niños pequeños.
  • No
    dejar mesas, sillas o reposeras próximas al cerco, que faciliten su
    escalamiento.
  • Los
    “cobertores de pileta” de material rígido o flexible, manuales o
    automáticos, no excluye en absoluto la presencia del cerco.
  • Los
    bordes y el piso de la pileta deben ser de material antideslizante.
  • Las
    escalinatas de acceso deben ser de poca pendiente y tener escalones
    anchos, rectos, con baranda al menos de un lado y piso antideslizante.
  • Las
    piletas “inflables” o “desarmables” que no cuenten con cerco deben ser
    siempre vaciadas totalmente luego de su uso diario.
  •  Proporción segura entre número de cuidadores y
    niños:

Lactantes (menos de 1 año): 1 cuidador por cada niño (1:1). Los bebés son completamente
dependientes y requieren supervisión constante.

De 1 a 2 años:
1 cuidador por cada 2 niños (1:2). Aunque comienzan a explorar, siguen siendo
muy vulnerables y necesitan atención cercana.

De 2 a 3 años:
1 cuidador por cada 3 niños (1:3). Aumenta su movilidad y curiosidad, pero aún
no comprenden los riesgos del agua.

De 4 años en adelante: la
proporción dependerá del nivel de aprendizaje de la natación y la confianza del
niño en el agua. Para principiantes o niños inseguros, es mejor mantener una
supervisión estrecha, idealmente no más de 1 cuidador por cada 4 niños (1:4).
Para niños con habilidades avanzadas, la supervisión puede ser más relajada,
pero siempre presente.

 El modelo de chalecos universalmente más
aceptado posee las siguientes
características:

  • Material enterizo de alta flotabilidad.
  • Formato de chaleco, con abertura anterior.
  • Abertura anterior con 3 broches de seguridad, como mínimo.
  • Correa inextensible que une la parte anterior con la posterior del
    chaleco, pasando por la ingle del niño y asegurada con broche de
    seguridad.

Prevención de accidentes en aguas
oscuras con movimientos:

Comprenden arroyos, ríos, lagos y
mar.

  • Riesgos:
    • No
      se tiene visión directa del cuerpo.
    • La visión de la cabeza, está sujeta al oleaje, marejada o eventual
      lluvia.
    • Percibir o advertir signos de agotamiento o dificultades físicas
      es prácticamente imposible.
    • Recibir pedidos verbales de auxilio, depende del viento, oleaje,
      ruido de la embarcación, etc.
  • Recordar que con la primera bocanada de agua que traga el niño ya queda
    generalmente imposibilitado de gritar por auxilio.
  • Desaparecido de la superficie: un niño pequeño
    difícilmente pueda reemerger con un esfuerzo y de esta manera se pierde
    contacto visual con él.
  • Recomendaciones:
    • Usar
      gorras y ropa de baño de colores claros, vivos, mejor
      si son fluorescentes.
    • Ante la caída accidental o naufragio en aguas oscuras deben
      sacarse inmediatamente: zapatos, pantalones y pulóveres o camperas.
    • Limitarse a “flotar” y concentrarse en pensar cuál puede ser la
      mejor manera de pedir socorro: verbal, gestual.

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