Una de cada tres personas presenta un problema de salud mental en la Argentina
- 14 de enero de 2025
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El Día Mundial de la Lucha contra la Depresión se celebró ayer, 13 de enero. Una fecha importante para reflexionar sobre cómo contribuir a sensibilizar a la población sobre la gravedad de la depresión, promover la detección temprana, orientar sobre cómo tratarla y disminuir el estigma asociado a esta silenciosa pero efectiva enfermedad.
La
Depresión forma parte de las enfermedades más comunes de la mente,
considerándose hoy en día el trastorno de estado de ánimo más prevalente en la
población general.
El Dr. Francisco Saurí, Titular de Cátedra de Salud
Mental en Medicina de la Fundación Barceló comenta al respecto que: “Como
cualquier órgano del cuerpo, el cerebro también puede enfermarse. Desde el
abordaje psicoterapéutico es sustancial que quien padece de depresión pueda
aceptarlo para poder ser tratado con eficacia. Independientemente de los medios
y las formas, sacar a la luz esa dolencia es la mejor manera de pedir ayuda.”
No es
fácil pedir ayuda a las personas que la padecen, sea por miedo a ser juzgados,
a ser medicados o a que se deban hacer cambios radicales en la manera de vivir.
El ser humano es un ser social, se vincula con amigos, con familia, con su
trabajo, y las drogas de abuso nos encierran en un mundo de egocentrismo y
pérdida del control de nuestros impulsos. Básicamente altera la capacidad de
tomar decisiones adecuadas prevaleciendo la impulsividad y la desesperación por
sobre nuestro raciocinio, apareciendo habitualmente un desorden biológico y
social. Tienden a aparecer conductas de riesgo, aislamiento social, pérdida del
trabajo y de actividades placenteras y, por ende, se van profundizando los
síntomas de la depresión.
“La persona deprimida suele encerrarse en su
propio mundo, por lo que la depresión es una enfermedad que no permite que la delaten.
Obliga a su rehén a padecerla en silencio. Y aquí es donde el entorno debe
estar alerta: es fundamental que sepa escuchar; y, principalmente, que aprenda
a no juzgar”, recalca el Dr. Saurí.
Lamentablemente
el consumo de drogas es una combinación extremadamente frecuente con los
trastornos anímicos y de ansiedad ya que éstos nos tornan más vulnerables a
buscar herramientas para esconder el malestar anímico momentáneamente sin
percibir lo riesgoso de su consumo, y no solo eso, sino también desconocen
mayormente que las drogas y el alcohol profundizan estos malestares que poseen
de base.
La
adicción a cualquier tipo de sustancia provoca en el cerebro una falsa
sensación de recompensa, algo así como un “alivio temporal y de corta duración”
que rápidamente desaparece quedando como secuela un recuerdo desesperante de
ese breve momento de olvidos y/o desapegos de los tan desagradables síntomas
depresivos.
Es
frecuente que el entorno de la persona afectada, con buena fe, aliente a éste
con frases como “mirá las cosas positivamente” o “pone fuerza de voluntad que
tenés todo para estar bien”, y justamente voluntad es lo que la persona con
depresión no tiene, o tiene poca. Es por eso que es importante aprender a ver y
escuchar. Hasta la más aparente pequeña intervención puede hacer la diferencia
para quien lo necesita.