Trastornos del olfato: más del 20 % de los adultos presenta alteraciones
- 24 de febrero de 2026
- Posted by: Administrador
- Categoría: Noticias

La anosmia es la pérdida completa
del sentido del olfato. Puede ser transitoria (lo más frecuente) o permanente,
dependiendo de su causa. Aunque en muchos casos responde a procesos
inflamatorios banales, también puede ser la manifestación inicial de
enfermedades neurológicas o el resultado de traumatismos.
¿Por qué se produce?
Desde el punto de vista fisiopatológico, la anosmia
puede aparecer cuando:
- La inflamación
intranasal u otra obstrucción impide que los olores lleguen al área
olfatoria. - Se destruye el
neuroepitelio olfatorio. - Se
lesionan los filetes, bulbos o tractos del nervio olfatorio, o sus
conexiones centrales en el cerebro.
Entre las principales causas se encuentran:
·
Infecciosa (post
viral)
·
Traumática (por
traumatismo encéfalo-craneano)
·
Degenerativa
(como en la enfermedad de Alzheimer)
·
Puede ser un
síntoma predictor de enfermedad de Parkinson, incluso hasta 10 años antes de
los síntomas motores
·
Iatrogénica
- Tumoral
Lo que dejó la pandemia en Argentina
Durante la pandemia de COVID-19, la
pérdida del olfato fue uno de los síntomas más característicos. En Argentina,
el Ministerio de Salud de la Nación incluyó la alteración del olfato y del
gusto entre los síntomas frecuentes reportados en casos confirmados de
SARS-CoV-2.
A nivel científico internacional,
estudios publicados en The Lancet estimaron que entre el 40% y el 60% de
las personas con COVID-19 presentaron alteraciones del olfato durante la fase
aguda de la infección.
Si bien la mayoría recupera el sentido
en semanas o meses, un porcentaje mantiene síntomas persistentes, integrando lo
que se conoce como síndrome post-COVID.
Traumatismos y causas neurológicas
La anosmia también puede ser
consecuencia de traumatismos encéfalo-craneanos (TEC), debido al cizallamiento
de los filetes olfatorios a nivel de la lámina cribosa.
En Argentina, las lesiones por causas
externas (entre ellas los traumatismos), representan una causa significativa de
morbimortalidad, especialmente en población joven, según datos de la Dirección
de Estadísticas e Información en Salud (DEIS).
Por otra parte, la alteración del olfato
puede ser un marcador temprano de enfermedades neurodegenerativas. La evidencia
científica ha demostrado que la disfunción olfatoria es un síntoma frecuente en
etapas iniciales de la enfermedad de Parkinson.
Cómo se diagnostica
La anosmia puede ser brusca o progresiva,
y su detección no se limita a confirmar que una persona “no siente olores”. El
proceso diagnóstico comienza mucho antes, con una conversación clínica
minuciosa. ¿La pérdida fue repentina o progresiva? ¿Hubo una infección
respiratoria reciente? ¿Existió un traumatismo? ¿Hay obstrucción nasal o
síntomas neurológicos asociados?
La evaluación médica incluye un examen
neurológico completo (con especial atención a los pares craneales) y una
valoración cognitivo-conductual cuando corresponda. En algunos casos, se
utilizan test olfatorios específicos que permiten medir de manera objetiva la
capacidad para identificar y discriminar aromas.
Cuando la causa no es evidente, los
estudios por imágenes se vuelven herramientas clave. La tomografía computada de
senos paranasales puede revelar procesos obstructivos o inflamatorios, mientras
que la resonancia magnética cerebral permite evaluar estructuras profundas
vinculadas con la vía olfatoria y descartar lesiones centrales.
El diagnóstico, en definitiva, no busca
solamente confirmar la ausencia de olfato, sino comprender su origen.
Tratamiento y pronóstico
El abordaje terapéutico depende
directamente de la causa. Cuando la anosmia es consecuencia de una obstrucción
o alteración conductiva, el tratamiento puede ser médico o quirúrgico desde la
especialidad otorrinolaringológica. Si el origen es inflamatorio, los
corticoides suelen ser una herramienta eficaz.
En los casos post virales, el
entrenamiento olfatorio ha demostrado resultados alentadores. Esta estrategia
consiste en la exposición repetida y sistemática a distintos aromas con el
objetivo de estimular la recuperación neurosensorial. Es un proceso que
requiere constancia y tiempo, pero que puede favorecer la reorganización de las
vías olfatorias.
Cuando la causa es tumoral, el
tratamiento dependerá del tipo de lesión y puede incluir cirugía y abordaje
oncológico. En cambio, en las enfermedades degenerativas, la pérdida del olfato
suele ser irreversible, formando parte de un proceso más amplio.
El pronóstico es, en general, favorable
en cuadros inflamatorios y post virales. Es más reservado en traumatismos y
enfermedades neurodegenerativas, y particularmente complejo en presencia de
tumores.
Mucho más que un síntoma
La anosmia trasciende el plano clínico.
No se trata únicamente de no percibir aromas: implica una alteración concreta
en la calidad de vida.
En la alimentación, disminuye el
disfrute y la percepción de los sabores, lo que puede afectar el apetito y la
nutrición. En términos de seguridad, el olfato cumple una función protectora
esencial al alertar sobre humo, pérdidas de gas o alimentos en mal estado. Y en
el plano emocional, su impacto puede ser profundo: el olfato está íntimamente
ligado a la memoria y a las emociones, por lo que su pérdida puede generar
tristeza, ansiedad y sensación de desconexión del entorno.
Reconocer la anosmia como un síntoma
relevante y no menor es clave para un diagnóstico oportuno y para comprender
que, detrás de la ausencia de un aroma, puede haber una causa que requiere
atención médica, y que permite no solo buscar su causa, sino también comprender
su dimensión humana.
Perder el olfato no es solo dejar de
percibir perfumes o el aroma del café recién hecho. Es perder señales de
alerta, recuerdos, matices del sabor y, muchas veces, una parte silenciosa pero
profunda de la conexión con el entorno.
Pablo Rubino (MN 97573)
Jefe del Servicio de Neurocirugía
Hospital Alemán