Reducir la huella del cuidado: el desafío climático del sistema de salud en América Latina
- 18 de febrero de 2026
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- Categoría: Noticias
Por Cecilia Guzzo, Directora Ejecutiva de GE HealthCare

El cambio climático ya no es una
amenaza futura, sino una realidad que impacta de forma directa sobre la salud
de las personas. Olas de calor cada vez más intensas, eventos climáticos
extremos y el deterioro de la calidad del aire están incrementando la
incidencia de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y transmitidas por
vectores. En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte
que el cambio climático es una de las mayores amenazas sanitarias del siglo
XXI.[1]
Ante este panorama, el sistema de
salud, consciente de su huella ambiental, puede liderar el cambio climático
positivo. Según Health Care Without Harm, a nivel global, el sector
sanitario es responsable de aproximadamente el 4,4% de las emisiones de gases
de efecto invernadero, una huella comparable a la del quinto mayor emisor del
planeta. Esta cifra obliga a repensar cómo se produce, se gestiona y se consume
la atención médica en todo el mundo.[2]
En América Latina y el Caribe, el
desafío adquiere una dimensión particular. Según organismos regionales, los
sistemas de salud de la región representan alrededor del 6% de la huella de
carbono del sector sanitario global, en un contexto marcado por
infraestructuras desiguales, alta vulnerabilidad climática y una demanda
creciente de servicios de salud. [3]
La presión sobre los sistemas de salud
seguirá en aumento. El envejecimiento poblacional, el crecimiento urbano y la
expansión de enfermedades crónicas implican más diagnósticos y tratamientos,
así como un mayor consumo energético. Frente a este escenario, la pregunta ya
no es si el sector sanitario debe reducir su huella de carbono, sino cómo
hacerlo sin comprometer la calidad, la precisión ni el acceso a la atención.
Reducir emisiones en el sector salud no
implica resignar innovación. Por el contrario, la eficiencia energética, la digitalización
de procesos y el rediseño de los flujos clínicos se están consolidando como
herramientas clave para ofrecer una atención más sostenible. La evidencia
muestra que gran parte de la huella de carbono del sector proviene no solo del
consumo directo de energía, sino también de la fabricación de equipos, la
logística, la cadena de suministro y el ciclo de vida completo de las
tecnologías médicas.
En este contexto, las empresas del
sector tienen un rol determinante. Más allá de las políticas públicas y los
compromisos institucionales, la manera en que se diseñan, producen y operan las
tecnologías de salud define gran parte del impacto ambiental del sistema.
GE HealthCare ha asumido este desafío
como parte central de su estrategia global. De acuerdo con su SustainabilityReport
2024, la compañía logró reducir un 23% sus emisiones operativas (Scope 1 y
Scope 2) respecto de su línea base de 2022, como resultado de mejoras en
eficiencia energética, optimización de procesos y una mayor adopción de
energías renovables. Estos avances se enmarcan en un compromiso de largo plazo
para alcanzar emisiones netas cero hacia 2050, alineado con los criterios de la
iniciativa ScienceBased Targets.[4]
La reducción de emisiones no se limita
a las operaciones internas. Un aspecto clave es el enfoque en el ciclo de vida
de los equipos médicos. La modernización tecnológica, que permite actualizar
sistemas existentes en lugar de reemplazarlos por completo, ha demostrado
reducir de manera significativa la huella de carbono asociada a la fabricación,
el transporte y la instalación de nuevos equipos. En algunos casos, estas
estrategias permiten evitar hasta 100 toneladas de emisiones de CO₂ por
instalación, sin afectar la calidad diagnóstica ni la seguridad clínica.
Además, la incorporación de principios
de economía circular, como la reutilización de componentes, el
reacondicionamiento y el reciclaje de materiales, se ha convertido en una
palanca concreta para disminuir residuos y emisiones en un sector
históricamente intensivo en recursos. Estas prácticas no solo reducen el
impacto ambiental, sino que también contribuyen a hacer más accesible la
tecnología médica en distintos mercados de la región.
Para América Latina, avanzar hacia
sistemas de salud de bajas emisiones no es solo una cuestión ambiental; es una oportunidad
para mejorar la eficiencia operativa, reducir costos energéticos, fortalecer la
resiliencia frente a eventos climáticos y ampliar el acceso a tecnologías
médicas de calidad. La región cuenta con el potencial para adoptar modelos más
sostenibles desde ahora, evitando reproducir esquemas de alta intensidad de
carbono que hoy resultan difíciles de revertir en otros mercados.
La descarbonización del sector
sanitario exige una mirada colaborativa: gobiernos, prestadores de salud,
empresas, organismos multilaterales y comunidades deben trabajar de manera
coordinada. La acción climática en salud no es un objetivo aislado, sino un
componente esencial de la salud pública del futuro.
En definitiva, no pueden existir
sistemas de salud verdaderamente eficientes, equitativos y resilientes si no
incorporan la sostenibilidad como un eje estratégico. Reducir la huella de
carbono del cuidado de la salud es, al mismo tiempo, una forma de proteger a
las personas hoy y de garantizar mejores condiciones de vida para las
generaciones que vienen.
[2]Información e Health Care Without Harm. Consulte aquí.
[3] Información del Banco
Interamericano de Desarrollo. Consulte aquí.