Mantener una vida activa luego del diagnóstico de Parkinson
- 9 de abril de 2025
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En el marco del Día Mundial del Parkinson, el Hospital Italiano reafirma
su compromiso con la concienciación, a través de un mensaje alentador para las
personas con la enfermedad y sus familias: se puede mantener una vida activa y
autónoma luego de un diagnóstico de Parkinson. Una enfermedad neurodegenerativa
que afecta generalmente en la edad adulta, a partir de los 60 años de edad.
El Parkinson se manifiesta con una variedad de síntomas que pueden
afectar en forma progresiva la capacidad para realizar ciertas tareas, tanto a
nivel motor como cognitivo. Si bien la enfermedad no tiene un tratamiento
curativo, la buena noticia es que los especialistas cuentan con múltiples
recursos terapéuticos orientados a reducir los diferentes síntomas, y que hoy
permiten que la mayoría de las personas con Parkinson puedan vivir con
autonomía por años luego del diagnóstico.
“La mayoría de los pacientes
convive adecuadamente con su enfermedad, en particular si reciben asistencia
especializada que los ayuda a comprender lo que les pasa y los ayuda a
sobrellevar sus dificultades. También son fundamentales la adherencia al tratamiento
y otros factores psicológicos de cada paciente”, afirma
el Dr. Diego Bauso, subjefe del Servicio de Neurología y jefe de la Sección de
Movimientos Anormales y Parkinson del Hospital Italiano.
La
mirada especializada es clave desde el primer momento. Se
trata de una enfermedad cuyo diagnóstico sigue siendo clínico y, si bien hay
algunos estudios complementarios que pueden ser de utilidad, su confirmación
depende de la habilidad de quién evalúa al paciente. Incluso, hay síntomas
parkinsonianos como lentitud, rigidez, temblor, trastornos de la marcha y
posturales, que son debido a otras condiciones neurodegenerativas y que
requieren otro tipo de abordajes. Estos representan entre el 20 y el 30 % de
los casos.
Hoy, existen múltiples enfoques
terapéuticos orientados a reducir las manifestaciones que puede tener esta
enfermedad. Los abordajes se realizan por separado, según si son síntomas a
nivel motor o a nivel cognitivo. Entre los tratamientos más utilizados, se
encuentran los fármacos orales,
transdérmicos y subcutáneos. El 100 % de los pacientes requiere de algún
tratamiento farmacológico en determinado momento de su enfermedad. Estos ayudan
a mantener una vida activa, disminuir la dependencia y sobrellevar mejor los
síntomas de la enfermedad.
Para quienes los tratamientos farmacológicos no resultan suficientes
para controlar los síntomas, existen alternativas
quirúrgicas con avances significativos en los últimos años y con buenos
resultados. Entre un 10 y un 20 % de los pacientes con Parkinson van a requerir
algún tipo de intervención más compleja, como cirugía de estimulación cerebral
o lesional o bombas de medicación subcutánea.
“La cirugía busca solucionar
síntomas como rigidez o temblores y consiste en implantar electrodos
intracerebrales que inhiben los circuitos neuronales que pueden estar alterados
por la enfermedad. Luego de la intervención, es importante que la persona tenga
un seguimiento por el equipo médico, ya que la programación eléctrica puede
modificarse las veces que sea necesario para continuar con la mejora de sus
problemas motores”, fundamentó el jefe de la Sección
Neurocirugía Funcional, Carlos Ciraolo.
Otro pilar importante del tratamiento son las terapias no farmacológicas. La kinesiología y la rehabilitación
motora son fundamentales para tratar algunos aspectos de la enfermedad como los
trastornos posturales y de la marcha. Aquellos pacientes con dificultad
fonatoria o deglutoria se van a beneficiar del tratamiento foniátrico. Los
psicólogos y psiquiatras son de gran ayuda para enfrentar los aspectos
conductuales de esta enfermedad, como depresión, impulsividad, etc. En algunos
casos, los pacientes requieren, además, que un nutricionista los oriente en su
alimentación ya sea para modificar su dieta para la mejor absorción del
tratamiento farmacológico o para evitar la pérdida de peso o su aumento
desmedido. La estimulación cognitiva es otra terapia que beneficia a los
pacientes más avanzados que manifiestan síntomas de esa esfera. Todos ellos,
permiten a los pacientes mantener su independencia el mayor tiempo posible.
En adición a esto, si el ejercicio físico es incorporado regularmente a
la rutina diaria también puede ayudar a mejorar el estado de salud. Así lo
explica el Dr. Bauso: “Cada vez hay
más evidencia que demuestra que el ejercicio aeróbico regular puede mejorar los
síntomas motores y no motores de la enfermedad, así como también la calidad de
vida del paciente. Actividades como caminar, bailar o practicar yoga pueden marcar
una gran diferencia en la evolución de la enfermedad”. La calidad de
vida depende, en buena parte, de cumplir con el tratamiento acordado y trabajar
en equipo con los profesionales de salud.