Lo que hay que saber sobre cuidados paliativos y hospice

En un contexto donde hablar de la muerte todavía
genera incomodidad, crece la necesidad de contar con información clara sobre
cómo acompañar a las personas en el final de la vida. En ese marco, entender la
diferencia entre cuidados paliativos y hospice se vuelve clave para tomar
decisiones informadas y garantizar una mejor calidad de vida.

Según la Organización Mundial de la Salud, sólo
alrededor del 14% de las personas que necesitan cuidados paliativos en el mundo
acceden efectivamente a ellos, en gran parte por desconocimiento, barreras
culturales y falta de información. Esta brecha también está atravesada por la
confusión frecuente entre conceptos que, aunque relacionados, no significan lo
mismo.

Cuidados paliativos y hospice: no
son lo mismo

“Los cuidados paliativos son un paraguas amplio que
busca aliviar el sufrimiento desde el momento del diagnóstico de una enfermedad
grave, incluso mientras se realizan tratamientos curativos”, explica el Dr.
Sebastián Figueroa Dunn, director médico del Centro Los Pinos,
institución
que ofrece hospice, rehabilitación y hogar para personas mayores. El hospice,
en cambio, forma parte de ese recorrido, pero en una instancia específica: “se
activa cuando la enfermedad ya no responde a tratamientos curativos y el foco
pasa a ser el confort, la dignidad y la calidad de vida en la etapa final”. En síntesis,
todo hospice incluye cuidados paliativos, pero no todos los cuidados paliativos
son hospice.

En la misma línea, Viviana Bilezker, presidenta de
la Asociación El Faro e integrante del equipo asistencial del Hospice del
Centro Los Pinos
, agrega que mientras los cuidados paliativos acompañan
todo el proceso de la enfermedad, el hospice se enfoca en el tramo final,
cuando la muerte se vuelve inminente y surge la necesidad de preparación,
despedida y acompañamiento del entorno. “El hospice abre un espacio para
trabajar decisiones, duelos anticipados y todo lo que implica ese momento,
tanto para la persona como para su familia”, resume.

Cuando los cuidados paliativos se integran a tiempo,
el impacto es concreto: “el paciente duerme mejor, tiene menos dolor y menos
ansiedad, y muchas veces incluso vive más tiempo”, señala Figueroa Dunn. Esta
observación coincide con estudios de The New England Journal of Medicine,
que destacan mejoras significativas en la calidad de vida y en la evolución de
los pacientes.

En la etapa final, el hospice transforma la
experiencia, permitiendo transitar los últimos días en un entorno cuidado, con
síntomas controlados, acompañado por seres queridos y sin intervenciones
invasivas innecesarias.

Lejos de ciertos mitos, ninguno de estos enfoques
acelera la muerte ni implica “dejar de hacer”. Por el contrario, buscan mejorar
la calidad de vida en todas sus dimensiones: física, emocional y espiritual.

Mitos y barreras: por qué se llega
tarde

Gran parte de la confusión se explica por los mitos
que aún rodean al tema. Muchas personas asocian los cuidados paliativos
directamente con la muerte, cuando en realidad pueden —y deberían— comenzar
desde el diagnóstico.

También persisten ideas erróneas, como que en hospice
“se deja morir” al paciente o que el uso de medicamentos como la morfina
acelera el final, cuando su objetivo es aliviar el dolor y mejorar el
bienestar. “Otra idea común es pensar que es solo para cáncer, cuando puede
aplicarse a cualquier enfermedad crónica como insuficiencia cardíaca, EPOC,
demencias o ELA. Romper estos mitos es parte del trabajo diario”, afirma
Figueroa Dunn.

A esto se suma el tabú cultural en torno a la muerte,
que muchas veces dificulta conversaciones necesarias y retrasa la toma de
decisiones.

El rol de la familia y el
acompañamiento en el duelo

El acompañamiento a la familia es otro aspecto
central, ya que también forma parte del proceso. Desde el apoyo emocional y
espiritual hasta la ayuda en la toma de decisiones y el seguimiento en el
duelo, el abordaje es integral.

Además, el hospice habilita espacios clave como las
despedidas, las conversaciones pendientes y la posibilidad de transitar el
final de manera más consciente y acompañada.

“La calidad de vida en el final está profundamente
condicionada por el entorno y por las interacciones entre la persona y sus
vínculos. Así como el paciente atraviesa distintas etapas, la familia también
lo hace, y es clave trabajar con ella desde el inicio”, explica Bilezker.

Acceso y derechos

En Argentina, los cuidados paliativos están
reconocidos por ley, lo que garantiza su cobertura por parte de obras sociales
y prepagas. Sin embargo, el modelo hospice aún no cuenta con una regulación
específica.

“Los cuidados paliativos están contemplados por la Ley
27.678, lo que incluye medicación, internación o atención domiciliaria y
acompañamiento interdisciplinario. El hospice, en cambio, todavía no tiene un
marco regulatorio tan claro, aunque algunas instituciones lo ofrecen dentro de
este enfoque. Es importante que las familias sepan que tienen derecho a
solicitar este tipo de atención y asesorarse con los equipos de trabajo
social”, explican desde el Centro Los Pinos.

Entender la diferencia entre cuidados paliativos y
hospice no es solo una cuestión médica: es una herramienta clave para tomar
decisiones informadas en uno de los momentos más sensibles de la vida. Porque,
en definitiva, se trata de cómo queremos vivir hasta el final.