La prevención, como la mejor defensa ante la neumonía

La neumonía es una infección del pulmón que ocasiona inflamación y daño del tejido pulmonar. Los pulmones están formados por conductores por los que circula el aire (bronquios) y pequeños sacos donde se realiza el intercambio de gases (alvéolos).

“En una persona sana
los alvéolos se llenan de aire al respirar, mientras que en una persona con
neumonía los alvéolos están llenos de pus y líquido, por lo que el intercambio
de gases se ve alterado. Esta situación puede
variar de leve a grave dependiendo de la causa de la infección, la edad y el
estado general de salud”, explica la Dra. Viviana Cantarutti, médica
clínica de OSPEDYC.

Las bacterias, virus y
hongos son las causas más comunes de esta patología. La neumonía bacteriana
puede producirse por sí sola o puede desarrollarse después de sufrir ciertas
infecciones virales como resfríos o gripe. Varios tipos diferentes de bacterias
pueden causar neumonía, como puede ser el neumococo. 

Asimismo,
los virus que infectan las vías respiratorias pueden causar neumonía. A menudo,
la neumonía viral es leve y desaparece por sí sola en pocas semanas, pero en
ocasiones es lo suficientemente grave como para necesitar tratamiento en un
centro de salud. En este sentido, el de la gripe (influenza A/B) es el virus más frecuente en invierno.

En cuanto a
la neumonía fúngica, o causada por hongos, es más común en personas con
problemas de salud crónicos o sistemas inmunitarios debilitados.

Cualquier persona puede tener
neumonía, pero ciertos factores pueden aumentar su riesgo:

Edad: el riesgo es mayor para niños menores de 2 años y
adultos mayores de 65 años.Exposición a ciertos químicos, contaminantes o humos
tóxicos.Estilo de vida: fumar, consumo excesivo de alcohol y desnutrición.Internación en un centro de salud: estar sedado y/o
conectado a un ventilador aumenta aún más el riesgo.Tener una enfermedad pulmonar.Tener un sistema inmunitario debilitado.Tener problemas para toser o tragar, por un derrame cerebral u otra afección.Haberse enfermado recientemente con un resfriado o gripe.Otras afecciones de salud crónicas o de larga duración
como diabetes, insuficiencia cardíaca, anemia falciforme, enfermedad hepática y
renal.

Los síntomas de la neumonía pueden variar de leves a
graves, según los casos”, comenta la Dra. Cantarutti, y enumera: “fiebre,
escalofríos, tos con flema, dificultad para respirar, dolor en el pecho al
respirar o toser, náuseas y/o vómitos o diarrea. Los síntomas pueden variar
para diferentes grupos: los recién nacidos y los bebés pueden no mostrar ningún
signo de infección, otros pueden vomitar y tener fiebre y tos; y sentirse sin
energía”.

En ocasiones, la neumonía puede ser
difícil de diagnosticar, ya que puede presentar algunos
síntomas similares a un resfriado o gripe. Puede llevar tiempo darse cuenta que
se sufre una afección más grave.

Ante esto, un profesional de la salud analizará
la historia clínica del paciente, incluyendo preguntas sobre sus síntomas;
realizará un examen físico, que incluye escuchar sus pulmones con un
estetoscopio; y puede solicitar varias pruebas: radiografía de tórax; exámenes
de sangre, un conteo sanguíneo completo para ver si su sistema inmunitario está
combatiendo activamente una infección o un hemocultivo para determinar si tiene una infección bacteriana que se ha diseminado al
torrente sanguíneo.

En cuanto a su
tratamiento, dependerá del tipo de neumonía del que se trate, el germen
causante de la misma y su gravedad.

Es posible que el paciente deba ser tratado en un
hospital si los síntomas son graves o si está en riesgo de complicaciones.
Mientras esté allí, puede recibir tratamientos adicionales, como la oxigenoterapia si su nivel de oxígeno en la sangre es bajo.

Puede tomar tiempo recuperarse de una neumonía.
Algunas personas se sienten mejor en una semana. Para otras puede tomar un mes
o más.

“Una buena forma de prevenir una
neumonía, recomienda la Dra. Cantarutti, es la aplicación de vacunas. La vacuna
antineumocócica puede ayudar ante la neumonía por neumococo (streptococcus
pneumoniae) y la antigripal contra el virus de
la gripe”.

Para las
personas con antecedentes de vacunación antineumocócica previa, se debe evaluar
la continuidad de esquema, según la dosis y vacuna recibida previamente, como
también la edad y antecedentes médicos.

En el caso de
la vacuna antigripal o contra la influenza, se debe administrar a todas las
personas con alto riesgo de complicaciones (ancianos, personas con enfermedades
crónicas, embarazadas) o en personas sanas que estén en estrecho contacto con
personas de alto riesgo de desarrollarlas (personal sanitario, por ejemplo).

“Además de lo detallado, es
importante recordar lavarse las manos frecuentemente, no fumar, asegurar un estado
nutricional adecuado, evitar el contacto con niños enfermos y mantener una
adecuada higiene bucal. El uso de barbijo, es otro elemento útil para impedir
la diseminación de neumonía en la población”, finalizó Cantarutti.