La combinación de contaminación atmosférica y altas temperaturas puede aumentar los ingresos hospitalarios urgentes
- 25 de julio de 2024
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(El Mundo) La contaminación atmosférica y las altas temperaturas pueden aumentar los ingresos hospitalarios urgentes. Por un lado, existe una asociación entre estos factores ambientales y la aparición de crisis de ansiedad y depresión que requieren atención. Pero, además, la subida del mercurio también se relaciona con una mayor presencia de infecciones bacterianas responsables de enfermedades alimentarias.
Así lo recogen dos investigaciones lideradas por la Unidad de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), que codirigen los investigadores Julio Díaz y Cristina Linares y cuyas conclusiones se publican en la revista Science of the Total Environment.
En la actualidad, el cambio climático afecta tanto a la frecuencia y magnitud de los incendios forestales como al aumento del número de días con intrusiones de polvo sahariano, dos cuestiones que impactan significativamente en la salud de las personas. En concreto, uno de los estudios liderado por el citado equipo del ISCIII ha analizado cómo influyen ambos fenómenos en los ingresos hospitalarios por trastornos mentales.
Díaz, en un briefing organizado por Science Media Centre, explicó que durante las olas de calor “hay que tener en cuenta más efectos aparte de la subida del mercurio en el impacto de la salud, porque hay otras variables que deben medirse“. En concreto, la investigación analizó durante las olas de calor que se dieron entre 2009 y 2018 la relación entre las concentraciones medias diarias de partículas PM10, PM 2,5, dióxido de nitrógeno (NO2), ozono (O3) y la temperatura máxima diaria en olas de calor y los ingresos hospitalarios diarios en urgencias en España debidos a trastornos mentales y del comportamiento, depresión y ansiedad.
Se incluyeron datos de una provincia representativa de nueve regiones españolas para analizar las intrusiones de material particulado de origen natural. En concreto, se tomaron datos de A Coruña, Las Palmas, Madrid, Málaga, Islas Baleares, Sevilla, Valencia, Vizcaya y Zamora. “Esto se debe a que este tipo de ingresos es mínimo en poblaciones grandes y es la única manera de poder comparar y extrapolar datos”, detalla Díaz.
Por un lado, las conclusiones de esta investigación apuntan que en las jornadas en las que se dan incendios (combustión de biomasa), las concentraciones de PM tienen un efecto significativo sobre los ingresos urgentes por trastornos mentales, “en especial por depresión”. En detalle, en algunas provincias, como Vizcaya, Islas Baleares y Sevilla, las concentraciones de PM llegan a relacionarse con cerca del 40% de los ingresos que se producen los días en los que hay transporte de partículas por combustión de biomasa.
Sin embargo, en los días con polvo sahariano, “pese a que sí se produce un aumento en las concentraciones de PM, son otras variables las que están más relacionadas con este tipo de ingresos”, como la propia temperatura en olas de calor, el NO2 o el O3, que también aumentan en estos días, justifica el investigador.
A MÁS CALOR, TAMBIÉN MÁS INFECCIONES BACTERIANAS
El segundo de los estudios incide en la probabilidad de que en las próximas décadas los fenómenos meteorológicos extremos sean cada vez más intensos y frecuentes en toda Europa y en la cuenca mediterránea por el cambio climático antrópico. La investigación ha buscado nuevas evidencias sobre si la tasa de reproducción de algunos microorganismos, como las bacterias causantes de enfermedades alimentarias, puede verse afectada por fenómenos ambientales como los citados.
Cabe recordar que las infecciones transmitidas por alimentos son responsables de una alta carga de morbilidad en Europa, donde España ocupa el sexto lugar en términos de número de casos notificados en Europa, según el informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
El análisis recoge datos entre 2013 y 2018. En este periodo se ha examinado una posible relación a corto plazo entre los ingresos hospitalarios urgentes debidos a las principales enfermedades bacterianas de transmisión alimentaria (Salmonelosis, campilobacteriosis e infecciones por Eschericha coli) y las diferentes variables meteorológicas y de contaminación atmosférica, incluida la temperatura máxima diaria en olas de calor. En total se han examinado 5.091 ingresos: 3160 de Salmonelosis, 1769 de campilobacteriosis, y 182 de Eschericha coli.
Los autores centran su trabajo en la Comunidad de Madrid, donde recogen el valor umbral de la temperatura máxima diaria a partir de la que los ingresos aumentaron estadísticamente de forma significativa, analizando datos para todo el año y los meses de verano exclusivamente.
Según las estimaciones realizadas, el riesgo atribuible de aumento de ingresos hospitalarios urgentes es del 3,6% por cada grado de aumento de la temperatura máxima diaria por encima de 12 °C durante todo el año, y del 12,2% por cada grado de aumento de la temperatura por encima de la temperatura umbral de definición de ola de calor (34 °C) en verano. Además, diferentes variables meteorológicas mostraron una asociación estadísticamente significativa; mientras que las variables ‘horas de luz solar’ y ‘velocidad media del viento’ resultaron significativas en los análisis de todo el año y de verano, las variables ‘lluvia’ y ‘humedad relativa’ sólo mostraron una relación significativa en el análisis de todo el año, no en verano.
Este trabajo está firmado, además de por Cristina Linares y Julio Díaz, por José Antonio López Bueno, Miguel Ángel Navas y María Soledad Ascaso, también del ISCIII, y por investigadores de la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha.
En conclusión, los resultados respaldan que la temperatura máxima diaria es un factor de riesgo que puede favorecer el aumento de las hospitalizaciones urgentes atribuibles a las principales bacterias causantes de enfermedades alimentarias, con un mayor impacto en los retrasos 3, 7 y 13 después de una ola de calor lo que estaría relacionado no solo con la reproducción del número de bacterias sino también en el tiempo de incubación de la propia enfermedad. Los autores señalan que estas conclusiones podrían servir de base para implementar estrategias de prevención frente a estas enfermedades bacterianas, especialmente en los días de ola de calor.
En la recopilación de los datos de ambos trabajos han participado también expertos de la Universidad de Alcalá, de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT).