La ciencia demostró cómo la microbiota influye en la salud mental

Durante
años se pensó que el intestino era solo un órgano encargado de absorber
nutrientes. La Dra. Elena Pastor
Manfredi,
Directora de Nutrición de
la Fundación Iberoamericana de Salud Pública (FISP)
, destaca que el eje
intestino-microbiota-cerebro juega un rol fundamental en la regulación del
estado de ánimo, la función cognitiva y el desarrollo de enfermedades
psiquiátricas. Por eso, entender y cuidar nuestra microbiota no es solo una
cuestión digestiva, sino un pilar esencial para la salud mental.

La
ciencia hoy sabe que el tubo digestivo
es mucho más que un lugar donde se absorben los nutrientes, es una red de comunicación, que tiene un
sistema nervioso entérico que interconecta todo lo que está pasando en el
intestino con el metabolismo. Una de las conexiones más importantes que se está
estudiando hace más de 20 años es el eje intestino-microbiota-cerebro.
El mismo, es un sistema de comunicación bidireccional entre el tracto
gastrointestinal y el sistema nervioso central. Este eje juega un
papel crucial en la regulación del estado de ánimo, la función cognitiva, la
respuesta al estrés y el desarrollo de enfermedades, tanto digestivas como
psiquiátricas.

La
microbiota intestinal es un
organismo vivo, compuesto por bacterias, hongos, virus, parásitos y arqueas. La
medicina actual debería tomarlo como un órgano más en el cuerpo, que recibe
información del exterior, enviando información al cerebro y a todo el
metabolismo humano.

Hoy
en día sabemos que el ser humano tiene 60 trillones de células, pero aun así
tenemos 10 veces más bacterias en el intestino que células propias humanas.
Nuestro intestino mide aproximadamente 400 metros2, lo cual podría ser
comparable a unas 2 canchas de tenis. De forma estratégica, más del 70% de la
inmunidad se encuentra en este sector, lo cual lo transforma en un área de
defensa e interacción con todos los nutrientes que ingresan, que va más allá de
la simple absorción de los mismos.

Los
fármacos indicados para patologías psiquiátricas llegan al intestino, y
contactan en una primera instancia con el microbioma intestinal, formado por
estos microorganismos que mencionamos anteriormente y el ambiente que los
rodea. La metabolización de los distintos componentes dependerá en gran parte
del estado de salud o enfermedad de la pared intestinal en conjunto con este
microbioma. Una alteración en la permeabilidad, conocida como disbiosis
intestinal, llevará a una mala absorción y consecuencias negativas para el
tratamiento de las distintas enfermedades.

La
composición y función de la microbiota intestinal pueden influir de forma
directa en la salud cerebral por medio de tres componentes fundamentales. En
primer lugar, el nervio vago, que conecta directamente el intestino con el
cerebro. En segundo lugar, las hormonas y neurotransmisores, como la
serotonina, que pueden afectar el estado de ánimo y el comportamiento. Más del
90 % de la serotonina se secreta en el intestino. Y por último, el microbioma
intestinal puede regular el sistema inmunitario, generando una respuesta
inflamatoria de bajo grado que podría repercutir en todo el metabolismo.

Numerosos
estudios han identificado el papel del eje microbiota-intestino-cerebro en los
trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista y el
trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Factores como la dieta, el
estilo de vida, la genética y el entorno configuran conjuntamente la
composición de la microbiota intestinal. La mayoría de las investigaciones han
explorado cómo la microbiota intestinal regula la fisiología del huésped y su
potencial para prevenir y tratar trastornos neurológicos, como mencionan en la
revisión “El eje microbiota
intestinal-cerebro en los trastornos neurológicos” (MedComm).

La
doctora concluye que aún falta mucho por investigar, pero aun así sabemos que
una modificación en la alimentación, sería un punto fundamental a tratar para
recuperar la permeabilidad intestinal en estas patologías. Utilizar estrategias
que aumenten la cantidad y calidad de bacterias beneficiosas del intestino
debería ser prioridad. Promover el consumo de fibra, polifenoles, omega 3 y
alimentos fermentados estaría dentro de las indicaciones para recuperar la
eubiosis intestinal.