Hepatitis: una crisis silenciosa, pero evitable

El 28 de julio se conmemora una vez más el Día Mundial de la Hepatitis,
una fecha instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con
el objetivo de concientizar sobre la hepatitis vírica, una inflamación
del hígado que causa enfermedad hepática grave y cáncer de hígado. Este
año, el lema elegido es “Hepatitis: conozcámosla para combatirla”, que
aboga por la adopción de medidas urgentes para desmantelar las barreras
financieras, sociales y sistémicas, incluida la estigmatización, que se
interponen en el camino de la eliminación de la hepatitis y la
prevención del cáncer de hígado. 

La
hepatitis viral representa una de las enfermedades infecciosas más
mortales, con más de 1,3 millones de muertes al año correspondientes a
hepatitis B y C crónicas
, según datos publicados por la OMS. En
tanto, en América Latina, la Organización Panamericana de la Salud
(OPS) estima que 10 millones de personas viven con hepatitis B o C
crónica. Lo alarmante es que muchas de estas muertes son prevenibles.

La Dra. Alejandra Mabel Camino, Magíster en Biología Molecular y Diabetóloga de DIM CENTROS DE SALUD,
responde algunas preguntas sobre los distintos tipos de hepatitis, sus
formas de transmisión, los síntomas, los tratamientos disponibles y el
impacto potencial que tiene la prevención mediante chequeos, vacunas y
campañas de educación.

¿Qué es la hepatitis?

La
hepatitis es un término que define un estado inflamatorio del hígado.
Esto se produce como respuesta a un mecanismo de daño de las células
hepáticas y sus tejidos circundantes. Él o los agentes productores de
daño hepático que conllevan a una inflamación pueden ser tóxicos
(alcohol, fármacos, solventes, etc.), infecciones virales, infecciones
por otros agentes y enfermedades inmunológicas. 

¿Cómo se origina?

Distintos
virus pueden afectar el hígado y conformar enfermedades agudas o
crónicas. En el caso de las agudas, si el daño es extenso, pueden
afectar severamente la funcionalidad hepática y ponernos en riesgo de
vida. El hígado cumple diversas funciones vitales, como detoxificación y
síntesis de proteínas fundamentales, entre otras. Los virus también
pueden dar lugar a procesos inflamatorios crónicos, que derivan en daño y
reparación permanentes, mientras el agente viral no logre ser
erradicado de nuestro organismo. Esta circunstancia acarrea desarrollo
de cicatrización progresiva denominada fibrosis hepática, con diversos
grados progresivos, hasta llegar a la cirrosis.

¿Qué tipos de hepatitis existen?

Hay
cinco tipos de hepatitis y se identifican con las letras A, B, C, D y
E; todas provocan enfermedad hepática, pero tienen diferencias
significativas.

  • Hepatitis A (VHA):
    Es una de las dos que se transmite por el consumo de agua o alimentos
    contaminados (aunque también puede propagarse por ciertas prácticas
    sexuales). Suele provocar una infección leve, con una recuperación
    completa al cabo de unas semanas. La mayoría de las personas pueden
    sufrir una amplia gama de síntomas (entre dos y siete semanas después de
    haberse infectado): fiebre, pérdida de apetito, calambres en el
    estómago, ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos);
    orina oscura y fatiga. Este tipo de hepatitis cuenta con una vacuna que
    tiene una eficacia de casi el 100%
  • Hepatitis B (VHB):
    Se transmite cuando la sangre, la saliva, el semen u otros líquidos
    corporales de una persona portadora, incluso en cantidades
    microscópicas, entra en el cuerpo de una persona no portadora. Este tipo
    de virus puede provocar cirrosis y cáncer de hígado, aunque si se
    detecta a tiempo, se puede tratar y evitar que la enfermedad progrese.
    Desde el año 1992 la vacuna está incluida en el calendario de vacunación
    (niños y embarazadas) y ello ha permitido disminuir la tasa de
    contagios.
  • Hepatitis C (VHC):
    Este virus comparte con el B, los mecanismos de contagio y las formas
    clínicas aguda y crónica. No disponemos de vacuna y es habitual que
    permanezca en nuestro cuerpo dado que suele escapar y burlar a nuestro
    sistema inmune. A diferencia del tipo B, los tratamientos actuales de la
    hepatitis C logran un éxito de erradicación del virus que permite tasas
    de curación entre un 90 a 100% con tratamientos más cortos y con menos
    efectos adversos. Como resultado, las consecuencias de su curso crónico
    (cirrosis, cáncer hepático y trasplante) disminuyen considerablemente.

Asimismo,
desde la Organización Internacional No Gubernamental World Hepatitis
Alliance, explicaron en qué consisten los tipos D y E de la Hepatitis:

  • Hepatitis D (VHD):
    Afecta sólo a personas infectadas por la hepatitis B, ya que necesita
    del virus B para sobrevivir. La simultaneidad de ambos virus hace que
    pueda aparecer una afección más grave. Se transmite sobre todo por vía
    sanguínea, a través de jeringas usadas por personas infectadas o por
    compartir objetos de higiene personal. Este tipo de hepatitis puede
    hacer empeorar una infección por hepatitis B y hacer más graves los
    síntomas.  
  • Hepatitis E (VHE):
    Se transmite, igual que la hepatitis A, a través del consumo de agua o
    alimentos contaminados. Pero su diferencia radica en que no cuenta con
    una vacuna. Su prevención pasa por extremar las medidas higiénicas y
    evitar el consumo de bebidas y alimentos contaminados. Tampoco causa
    enfermedad crónica.

¿Las
secuelas de la hepatitis siempre son irreversibles? ¿Qué posibilidades
hay de recuperación y cuáles son los riesgos si no se trata a tiempo?

Un
concepto muy importante respecto de la fibrosis hepática, aún en la
etapa de cirrosis compensada, es notar que puede ser una situación
reversible. Es decir, se puede retroceder a estadios menos avanzados con
recuperación de su funcionalidad; siempre y cuando se logre eliminar el
virus con los fármacos antivirales y la acción de nuestro propio
sistema inmune. De hecho, tanto en su curso agudo fulminante como en su
curso crónico, las hepatitis virales pueden derivar en la necesidad de
un trasplante hepático. 

“Desde DIM CENTROS DE SALUD proponemos a cada paciente realizar un chequeo anual
para poder detectar ésta y otras posibles afecciones, siempre con un
acompañamiento idóneo, amable y de máxima calidad médica. Nuestro equipo
de medicina preventiva, chequeo anual, infectólogos, hepatólogos y el
mejor equipamiento para realizar todo tipo de estudios, siempre están
atentos para hacer el mayor esfuerzo para la detección temprana,
prevención, vacunación y estudio de la función y condición hepática.
Este es el mejor consejo para colaborar en prevenir y controlar estas
enfermedades”, finaliza la Dra. Alejandra Camino.

Dra. Alejandra Mabel Camino  

Magíster en Biología Molecular, Diabetóloga de DIM Centros de Salud

MP: 333832 / MN: 78034