Generación sándwich: cuidar a hijos y padres, el desafío de estar en el medio
- 27 de marzo de 2026
- Posted by: Administrador
- Categoría: Noticias

Hay una escena silenciosa que se repite en miles de
hogares: alguien ayuda a su hijo con la tarea mientras responde mensajes
laborales y, al mismo tiempo, coordina un turno médico para su madre. No es una
excepción. Es una postal de época.
La licenciada en Gerontología Graciela Spinelli del
Centro Los Pinos, lo define con precisión: “Se conoce como generación sándwich
a aquellas personas que están entre los 30 y 50 años y se encuentran cumpliendo
una doble función y responsabilidad: la de criar a sus hijos y velar por el
cuidado de sus padres mayores. Quedan en este espacio tan difícil de repartirse
entre ambas responsabilidades, muchas veces relegando su propio tiempo”.
El desafío, explica, es tan práctico como emocional.
“Enfrentan algo desconocido, tanto sea como padres de hijos pequeños o
adolescentes como en el rol de hijos de
padres que envejecen y tienen nuevas necesidades. Se hace difícil distribuir el
tiempo de manera apropiada porque de ambos lados el requerimiento es real”.
Entre la culpa y el agotamiento:
el peso invisible del cuidado
La sensación dominante es la de no llegar. La agenda
se vuelve una carrera permanente donde todo es importante y urgente a la vez.
En ese contexto, el tiempo propio suele ser lo primero que desaparece.
“A menudo pueden sentirse frustrados, con la sensación
de no llegar a todo lo que tienen que hacer. La situación los absorbe de tal
manera que muchas veces se ven obligados a dedicar menos tiempo a sus hijos,
pareja o amigos, o a dejar de hacer aquellas cosas que les gustaban y les
proporcionaban bienestar, con una gran sensación de falta de libertad”, agrega
Spinelli.
El impacto no es sólo organizativo: es emocional. Con
frecuencia aparece la culpa por creer que no se está atendiendo suficientemente
bien al ser querido que necesita cuidados.
Ese desgaste tiene consecuencias. Investigaciones
internacionales sobre cuidadores familiares muestran niveles elevados de
estrés, ansiedad y síntomas depresivos, sobre todo cuando el cuidado es
prolongado o sin redes de apoyo. La Organización Mundial de la Salud advierte
que los cuidadores informales presentan mayor riesgo de deterioro en su salud
física y mental si no cuentan con acompañamiento.
Cuidar sin descuidarse:
estrategias para sostener el equilibrio
Frente a este escenario, prevenir el burnout del
cuidador es clave. El agotamiento extremo derivado de cuidar de manera
sostenida se manifiesta en cansancio crónico, irritabilidad, trastornos del
sueño, somatizaciones físicas y sensación de pérdida de libertad.
Por eso, Spinelli propone algunas estrategias
concretas.
- Hablar: Cuando se empiezan a enfrentar los problemas del paso
del tiempo con los padres, lo recomendable es sentarse a dialogar. Aun cuando
algunas patologías no lo propicien, hay que observar, conocer cuáles son las
dificultades principales en lo funcional y operativo. A veces, con pequeños
cambios o apoyos, la presión del cuidado disminuye. - Pedir ayuda y solicitar asesoramiento: No pretender ser infalibles o superhéroes. Es
un nuevo desafío y una de las grandes ayudas es la información adecuada y no
desesperarse. Los profesionales pueden intervenir desde una mirada objetiva que
los hijos no pueden tener. - Interiorizarse sobre las enfermedades. Comprender el proceso permite interpretar
mejor las reacciones y tomar decisiones más adecuadas. - No
olvidar el cuidado personal.
Cuidarse a sí mismo es un aspecto importante del abanico de responsabilidades
de quien cuida y para ello necesita disponer de tiempo.
La generación sándwich encarna una paradoja
contemporánea: sostiene a todos, pero rara vez es sostenida. Visibilizar su
realidad es el primer paso para desnaturalizar la sobrecarga. Porque entre
hijos que crecen y padres que envejecen hay una vida en el medio que también
necesita espacio, descanso y proyecto. Cuidar es un acto de amor. Pero para que
no se transforme en desgaste, ese amor también necesita redes, límites y
cuidado propio”, concluye Spinelli del Centro Los Pinos.