“Fallamos en el control de la hipertensión”

(Tiempo Argentino) La conclusión pesimista que compartieron los especialistas tiene que ver con que, a más de 15 años del primer gran relevamiento nacional sobre hipertensión arterial (HTA), los números siguen siendo igual de preocupantes. Los datos indican que más de uno de cada tres argentinos adultos convive con un factor de riesgo que, si no es tratado a tiempo y de forma adecuada, puede derivar en infarto, ACV, insuficiencia renal o incluso la muerte.

Según las estadísticas del Ministerio de Salud, solo en 2023 fallecieron en Argentina 99.454 personas por enfermedades cardiovasculares. Casi un tercio de esos decesos podría haberse evitado simplemente controlando la presión arterial, de acuerdo al comunicado difundido por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC). Se trata de más de 33 mil muertes prevenibles al año, lo que equivale a unas 90 por día.

Sin mejoras sustanciales

No hay mejoras sustanciales en los últimos 15 años, lo que indica un estancamiento crónico en la estrategia sanitaria para enfrentar este flagelo, lamentó Pablo Stutzbach, presidente de la SAC. Ante este panorama, fue contundente: Necesitamos un cambio de paradigma. Alrededor del 40% de las personas hipertensas no sabe que lo es. Entre quienes conocen su diagnóstico, muchos no reciben tratamiento, y de los que están en tratamiento, una proporción significativa no logra llegar a los valores objetivos recomendados.

Si imaginamos al sistema cardiovascular como una bomba con cañerías, una presión excesiva hará que la bomba (el corazón) trabaje más, se hipertrofie y eventualmente falle. Las arterias pierden elasticidad, se endurecen y se deterioran. Esto impacta sobre órganos vitales como el cerebro, los riñones y el propio corazón, generando eventos como infartos, ACV, insuficiencia renal y demencia vascular, explicó Sergio Baratta, presidente electo de la SAC. Y añadió otro factor de preocupación a la evaluación general: cada vez hay más diagnósticos de hipertensión en personas jóvenes. Incluso durante el embarazo es cada vez más frecuente la aparición de trastornos hipertensivos. En estos casos –detalló- se trata de pacientes que presentan factores de riesgo cardiovascular como sobrepeso, obesidad o sedentarismo, pero que no habían sido diagnosticadas previamente por falta de controles.

Un nuevo consenso

La mirada negativa sobre la falta de logros en los últimos 15 años se compartió en el 51° Congreso Argentino de Cardiología, el más importante de habla hispana a nivel global. Una de las mesas durante el encuentro se tituló, concretamente: En qué fallamos para lograr el control de la hipertensión arterial.

Los cardiólogos coincidieron en que el nuevo ‘Consenso Argentino de Hipertensión Arterial 2025’, en el que participó la SAC, se constituye como una herramienta para el abordaje integral de la HTA: detección precoz, diagnóstico preciso, tratamiento efectivo y seguimiento sistemático.

Entre otras pautas, el documento insiste en que todos los adultos deberían medirse su tensión arterial al menos una vez al año. Hacerlo solo en el consultorio no es suficiente: se prioriza la incorporación de herramientas como el Monitoreo Ambulatorio de Presión Arterial (MAPA) y el Monitoreo Domiciliario (MDPA), para detectar fenotipos como la hipertensión de guardapolvo blanco (elevada en consulta pero normal en casa) o la hipertensión oculta (normal en consulta, pero elevada en la vida diaria), dos formas que pueden pasar inadvertidas si no se aplican estos métodos complementarios.

Fallas en el consultorio

La falta de información y concientización de la población son dos de los problemas relacionados con la falta de resultados en el control de la HTA, pero no los únicos. Según el comunicado emitido por la SAC un número considerable de pacientes afirma que su médico no le toma la presión en las consultas de rutina. Esto compromete no solo a los cardiólogos y a los médicos clínicos, sino a un conjunto de especialidades como la ginecología, la nefrología, la endocrinología y la neurología, entre otras. Esta omisión se traduce en miles de diagnósticos tardíos o inexistentes, con las consecuencias que eso implica.

La hipertensión es silenciosa, pero sus consecuencias no. No se trata sólo de cifras, sino de vidas que pueden salvarse si actuamos a tiempo. Pocas enfermedades permiten una medición tan sencilla, ya que el propio paciente puede evaluar sus niveles de tensión arterial en su domicilio con la ayuda de un tensiómetro digital hogareño. Pero no lo hacemos y, en contrapartida, el estilo de vida actual contribuye a que se disparen cifras alarmantes de presión arterial, incluso en personas jóvenes, y nosotros tenemos que reconocer que hasta ahora hemos fracasado en el control y tratamiento de la hipertensión arterial, concluyó Stutzbach.