“Espero que podamos seguir haciendo ciencia en Argentina”

Daniela Di Bella vivió toda su infancia y adolescencia en Banfield,
en el sur del conurbano bonaerense; empezó la carrera de Medicina, pero
pronto se dio cuenta de que más que atender pacientes lo que le gustaba
era investigar, así que dos años después cambió la UBA por la
Universidad Nacional de Quilmes para estudiar Biotecnología. Se recibió
en 2010 y enseguida inició su doctorado en el Laboratorio de Genética
del Desarrollo Neural, que dirige en la Fundación Instituto Leloir (FIL)
el investigador del CONICET Guillermo Lanuza. Luego, realizó un muy
exitoso posdoctorado en el departamento de Células Madre y Biología
Regenerativa de la Universidad de Harvard (EE.UU.), donde tenía todas
las posibilidades de continuar su trabajo. Pero quería volver al país,
así que participó de un competitivo concurso lanzado por la FIL: hoy,
ocho años después de su partida, la científica está de regreso para
dirigir allí su propio laboratorio, el de Identidad y Desarrollo
Neuronal.

“Me interesa entender los mecanismos genéticos que regulan la
formación de los distintos tipos de neuronas en la corteza cerebral
durante el desarrollo embrionario de mamíferos”, explicó Di Bella a la Agencia CyTA-Leloir.
Y añadió: “Quiero estudiar cómo es que una neurona interactúa con su
entorno o con células vecinas, cómo eso afecta en qué tipo de neurona se
puede convertir y los genes detrás de eso”.

En ese sentido, el trabajo de la joven científica no estará
focalizado en lo que pasa dentro de las células nerviosas, sino en lo
que ocurre en la interacción entre las células o en el espacio entre
ellas, que es lo que se conoce como matriz extracelular.

“En los últimos años se empezó a ver que la matriz extracelular está
afectada en distintas patologías y que, además, muchos de los genes que
están asociados con desórdenes del desarrollo también tienen un rol allí
y en la comunicación entre las células. Saber más sobre esa matriz
extracelular puede contribuir, a largo plazo, a mejorar el tratamiento
de patologías del sistema nervioso como trastornos psiquiátricos y del
neurodesarrollo”, señaló.

Para llevar adelante su trabajo, Di Bella va a introducir en la FIL
una tecnología innovadora llamada “secuenciación de célula única”
(“single cell”, en inglés), que muy pocas instituciones del país tienen
la capacidad de aplicar. “Se usa para poder ver todos los genes que
están activos en células individuales de un tejido; nos permite
diferenciar la expresión génica de los diversos tipos celulares, algo
que antes de esta tecnología no se podía hacer con este grado de detalle
y es clave para entender el comportamiento celular en condiciones
dinámicas de desarrollo”, aseguró Di Bella.

Durante su posdoctorado en el laboratorio que dirige en Harvard la neurocientífica Paola Arlotta, la biotecnóloga argentina aplicó esa tecnología para entender cómo se forma la corteza cerebral, la parte más externa del cerebro de los mamíferos, en cuyo complejo proceso de desarrollo se generan distintos tipos de neuronas en un orden muy particular. Así, generó un atlas de lo que ocurre en el desarrollo del ratón, un mamífero en el que ese proceso está conservado con respecto al ser humano. “Encontramos que se prenden muchos genes, lo que nos permitió empezar a entender cuándo es que las neuronas se empiezan a diferenciar entre sí. A partir de ese trabajo, muy descriptivo, propusimos unas dos centenas de genes que estarían controlando la generación de los distintos tipos de neuronas y de células en el cerebro del mamífero”, resumió la argentina, que coronó su finalización del posdoctorado con la publicación del estudio en la revista Nature.

“Si sabemos todos los genes que hacen falta para generar determinadas
neuronas en el desarrollo, en principio tenemos la información que nos
permitiría obtener neuronas in vitro que se pueden usar para
modelar e investigar enfermedades que afectan específicamente a algún
tipo de esas células nerviosas como la esclerosis lateral amiotrófica
(ELA), así como testear compuestos o terapias y, eventualmente, pensar
en medicina regenerativa de reemplazo”, resaltó Di Bella, aunque aclaró
que todavía falta avanzar en el conocimiento para lograr una aplicación
tan directa.

Por otro lado, la científica mencionó que existen otras enfermedades
de la corteza cerebral que tienen que ver con trastornos cognitivos,
como autismo, esquizofrenia o trastorno bipolar. “A partir de otros
estudios realizados en humanos, tenemos listas enormes de genes que
podrían estar asociados con estas patologías. Podemos empezar a mirar
esos genes y entender dónde es que se están expresando; en qué células
están jugando un rol para tratar de intervenir”, señaló.

Regreso con gloria

Cuando viajó para instalarse en los Estados Unidos, Di Bella ya sabía
que quería volver. “A lo largo de los ochos años que pasé allá fui lo
suficientemente testaruda para no cambiar de opinión”. Si bien, por un
lado, es una devolución al país, por su formación, también le resulta
algo muy gratificante a nivel personal: “Ayudar a la formación de
científicos es increíble y para mí hacerlo acá es mucho más
significativo que en otros lados”. Para ella, hacer ciencia en Argentina
también tiene que ver con generar un impacto que va más allá del
descubrimiento científico, aseguró.

Por eso, cuando supo de la posición abierta para nuevos jefes de
laboratorio en la Fundación Instituto Leloir, no lo dudó. Pero pasaron
casi tres años desde que ganó el cargo y pudo organizar todo para su
regreso. “Hoy la situación de la ciencia argentina es crítica debido a
la falta de financiamiento, por eso siento que es un privilegio estar
empezando a armar un nuevo grupo en este momento. Espero poder trabajar y
luchar para que continuemos haciendo ciencia y contribuyendo al
desarrollo del país”, enfatizó mientras recorría las instalaciones de su
flamante laboratorio, todavía vacío.