Enemigos invisibles: cómo proteger al sector salud frente al boom de los ciberataques

En la
era digital, las palabras de Darín en la película Nueve Reinas suenan más
actuales que nunca. Aunque no los veamos, los ciberdelincuentes están ahí. Se
esconden detrás de una inocente llamada telefónica o un mensaje de WhatsApp
ofreciendo un beneficio, en un CV que llega al correo electrónico de Recursos
Humanos, en un mail con un link para “confirmar un envío” o para descargar una
boleta de deuda… Con un simple clic, pueden entrar a los sistemas, cifrarlos y
vender los datos sustraídos al mejor postor.

Cada
año las amenazas virtuales se vuelven más frecuentes y sofisticadas, en
especial con el avance de la inteligencia artificial, las identidades
sintéticas y las deepfakes. Los números no mienten.

Durante
2024, casi el 90% de las organizaciones experimentaron un ciberataque (TN),
y sólo en el tercer trimestre del año pasado el promedio de ciberataques
semanales por organización alcanzó un máximo histórico de 1.876 y un aumento
del 75% interanual (CheckPoint).

Ciberseguridad
en el sector salud

El
sector salud lidera las estadísticas de brechas de cibserseguridad. En 2024,
fue el tercer sector más afectado con 2.434 ataques semanales a nivel global (CheckPoint)
y en Argentina también comparte el podio de los más afectados (TN).

Sólo
en Estados Unidos, el año pasado se reportaron 734 filtraciones de datos de 500
o más registros, y fue el peor año en términos de registros de atención médica
violados, alcanzando el número de 276.775.457, es decir, el 81,38% de la
población de Estados Unidos (HIPAA
Journal
).

Argentina
no se queda atrás. Por caso, en 2023 hackearon el PAMI y la información
sustraída se ofreció en la dark web a la venta, a un costo de 25 Bitcoins (Infobae).
En 2022, el afectado fue el Hospital Garrahan (Clarín).
Y la lista de casos sigue (Clarín).

¿A qué
nos enfrentamos? ¿Cómo nos defendemos?

Hoy en
día nos enfrentamos a una variedad de amenazas. Dentro de los ciberataques más
frecuentes, podemos mencionar:

  • Malware:
    software malicioso diseñado para sustraer datos, espirar o controlar sistemas.
  • Ransomware:
    o cuyo objetivo es cifrar la información y exige un rescate bajo amenaza de
    filtrar o vender los datos.
  • Phishing, spear phishing e
    ingeniería social:
    correos electrónicos,
    llamadas telefónicas, mensajes falsos y hasta manipulación dirigida a
    directivos clave con el objetivo de engañar al usuario para sustraer sus
    credenciales de acceso a distintos sistemas.
  • Ataques a la cadena de
    suministro:
    ataques a un proveedor de software o
    servicios para atacar a todos sus clientes.
  • Ataques de denegación de
    servicio (DDoS):
    saturación de la red que deja fuera de
    servicio a un sitio, plataforma o aplicación (podrían ser portales de turnos
    online, telemedicina, etcétera).
  • Explotación de
    vulnerabilidades:
    software y hardware que no se
    actualizan ni mantienen debidamente y eso permite que los ciberatacantes
    “ingresen” a través de esas vulnerabilidades.
  • Insider threats:
    descuidos o abusos de privilegios dentro de la propia organización.

Ante
esta diversidad de amenazas, debemos entender que la ciberseguridad es
multifactorial y multidimensional: no hay una única medida, hay un conjunto de
herramientas y acciones que potencian nuestra defensa.

Yo las agrupo en cinco pilares:

Personas:
establecer y mantener programas de capacitación
continua y simulacros sorpresa de phishing.

Identidad
y accesos:
en este pilar incluimos una política de
contraseñas robustas; la obligatoriedad del doble factor de autenticación como
protocolo organizacional; limitación de permisos de navegación y accesos en las
computadoras de la organización y, finalmente, la baja inmediata de cuentas
inactivas.

Tecnología:
es sumamente importante instalar los parches y
actualizaciones críticos de software continuamente (incluido el firmware de
equipos médicos); tener un buen antivirus corporativo y segmentar las redes (administrativa,
clínica y dispositivos médicos separadas).

Datos
& Continuidad:
las organizaciones deberían
realizar backups offline frecuentes con pruebas de restauración y tener un plan
de continuidad operativa ante una brecha de ciberseguridad.

Proveedores
& Compliance:
es clave tener cláusulas de
ciberseguridad y protección de datos en los contratos con los proveedores; una Política
de Privacidad y Protección de Datos robusta y protocolos de acción, plan de
respuesta ante incidentes, estándares de calidad y acreditaciones internas.

Conclusión

Los
ciberdelincuentes no duermen. Como dijo Darín, están ahí y van a estar siempre
ahí.

A
medida que el sector de la salud se transforma digitalmente, cada byte de
información cotiza al alza.

El
eslabón más fuerte y el más débil de la cadena es el mismo: nosotros, las
personas. ¿Por qué? Porque somos seres emocionales.

La
buena noticia es que la defensa también depende de nosotros. Convertir la
ciberseguridad en hábito –y no en un proyecto pendiente– es la receta para que
la próxima vez que “ellos” estén ahí, no puedan entrar.