En el mundo occidental se registran entre 450.000 y 500.000 casos por año de muerte súbita
- 20 de agosto de 2025
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La muerte súbita es hoy uno de los grandes desafíos de
la cardiología moderna. Se trata de un fallecimiento natural, inesperado e
instantáneo que ocurre dentro de la primera hora del inicio de los síntomas. Su
magnitud es enorme: representa uno de cada cuatro fallecimientos en adultos y
la mitad de todas las muertes de origen cardiovascular.
En el mundo occidental se registran entre 450.000 y
500.000 muertes súbitas por año, es decir, un evento por minuto, y la mayoría
ocurre fuera del ámbito hospitalario. En Argentina, la cifra ronda los 40.000
casos anuales. Lo más llamativo es que
el 60% sucede en presencia de testigos: un 15% en el trabajo, un 20% en
espacios de recreación o transporte.
Estos números muestran que se trata de un fenómeno
silencioso pero frecuente, que puede afectar a cualquier persona, en cualquier
lugar y en cualquier momento. El hecho de que la mayoría ocurra fuera del
hospital convierte a la comunidad en un eslabón central de la respuesta.
La importancia de actuar rápido
En estos casos, la rapidez en la reacción es clave.
Una persona que sufre un paro cardíaco en la vía pública tiene más del doble de
probabilidades de sobrevivir si alguien a su lado interviene de inmediato
utilizando un desfibrilador externo automático (DEA).
Este concepto, conocido como desfibrilación pública,
es uno de los pilares para mejorar la sobrevida.
La experiencia internacional lo confirma. En Estados
Unidos, cada año unas 155.000 personas reciben asistencia del servicio de
emergencias por paro cardíaco, y apenas el 8% logra sobrevivir. En Europa, la
cifra de casos oscila entre 128.000 y 275.000 al año, con una sobrevida cercana
al 10%.
En la gran mayoría de los episodios la causa es
cardíaca: la cardiopatía coronaria está presente en el 70 al 80% de los casos,
y la fibrilación ventricular (una arritmia grave) en nueve de cada diez.
El factor determinante del éxito en la reanimación es
el tiempo: cuanto más rápido se utiliza un DEA, mayores son las chances de
salvar una vida. Por eso, la instalación de desfibriladores en lugares públicos
y la capacitación de la comunidad son medidas de salud pública que hoy resultan
ineludibles.
El impacto en los deportistas
Los deportistas constituyen un grupo de alto impacto
social cuando se habla de muerte súbita. Aunque el ejercicio regular es un
factor protector frente a la enfermedad coronaria, el esfuerzo intenso puede
convertirse en el disparador de un evento cardíaco fatal.
Un registro realizado en nuestro país por la Sociedad
Argentina de Electrofisiología Cardíaca entre 2018 y 2020 identificó 35 casos
de muerte súbita en el deporte. La mayoría fueron hombres (89%), dos de cada
tres mayores de 35 años, y la mayor parte de los episodios ocurrió en fútbol,
gimnasia y maratón. En su mayoría se trataba de deportistas amateurs.
La tasa de supervivencia alcanzó el 23% en los casos
asistidos, y todos los recuperados egresaron sin secuelas neurológicas. Sin
embargo, la mortalidad sigue siendo muy elevada: 77%. Estos datos muestran la
necesidad de contar con controles médicos adecuados, estudios de rutina y,
sobre todo, con desfibriladores disponibles en clubes y eventos deportivos.
La visibilidad que tienen los casos de atletas que
colapsan en pleno partido o competencia ha contribuido a instalar el tema en la
agenda pública. Cada episodio es una oportunidad para reforzar el mensaje: la
prevención y la respuesta inmediata pueden cambiar la historia.
La cadena de supervivencia
Los especialistas hablan de la “cadena de
supervivencia”, una serie de pasos que deben cumplirse de manera ordenada: el
reconocimiento inmediato del paro cardíaco, la activación del servicio de
emergencias médicas, el inicio precoz de maniobras de reanimación (RCP), la
desfibrilación y la llegada del servicio de emergencias, seguido de los
cuidados posteriores.
Los tres primeros eslabones de esa cadena están en
manos de la comunidad. Reconocer el colapso de una persona, llamar de inmediato
al servicio de emergencias médicas y comenzar compresiones torácicas de forma
enérgica y continua puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Hoy se recomienda la RCP solo con compresiones para
personas no entrenadas, ya que resulta más simple y efectiva. Además, los DEA
modernos brindan instrucciones auditivas y visuales que guían al rescatista
paso a paso.
Capacitar a la población general en maniobras básicas
de RCP y fomentar la cardioprotección en espacios públicos (con desfibriladores
accesibles y señalizados) son intervenciones concretas que ya han demostrado
impacto positivo en distintos países.
Un llamado a la acción
La muerte súbita constituye una de las principales
causas de mortalidad en adultos y deportistas. Pero no se trata de un destino
inevitable: con capacitación, con desfibriladores accesibles y con testigos
dispuestos a actuar, es posible salvar vidas.
Cada minuto de demora reduce las probabilidades de
sobrevivir. La verdadera tragedia no es la muerte súbita en sí, sino que
alguien colapse delante nuestro y no contemos con los medios para ayudarlo.
Concientizar, capacitar y cardioproteger los espacios
públicos es la forma más concreta de inclinar la balanza hacia la vida. La
experiencia internacional y los registros locales coinciden: la acción
inmediata de la comunidad es el factor que más aumenta las probabilidades de
supervivencia.
La implementación de políticas públicas que promuevan
la instalación de desfibriladores, junto con campañas masivas de capacitación
en RCP, representan hoy un camino claro y posible para enfrentar este desafío.
La fatalidad no es la muerte súbita en sí, sino es ver a una persona
teniendo un evento y no poseer los medios para salvarla. Está en nosotros la
posibilidad de revertirla y de inclinar la balanza hacia la vida.
José Gant Lopez (MN 62771)
Jefe de
Electrofisiología Cardíaca Hospital Alemán
Miembro Titular
SAC
Vicepresidente
Sociedad Argentina de Electrofisiología Cardiaca
Comisión
Directiva Asociación Argentina de Cardiología del Deporte y Ejercicio
Catedra de
Cardiología Universidad del Salvador
Mario Fitz
Maurice (MN 83671)
Jefe de Cardiología
Hospital Nacional Bernardino Rivadavia
Miembro Titular
SAC
Director
Instituto Nacional de Arritmias
Miembro Sociedad
Argentina de Electrofisiología Cardíaca