El cáncer de ovario podría originarse en las trompas de Falopio
- 8 de mayo de 2026
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Columna del Dr. Federico Bianchi (MN 134936), Jefe del Servicio de Ginecología y Mastología del Hospital Alemán.
El Cáncer de Ovario es una enfermedad que se encuentra en tercer lugar dentro de los tumores ginecológicos, por detrás del cáncer de cuello uterino y endometrio. A pesar de esto, continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer ginecológico en el mundo. El gran desafío sigue siendo el mismo: la mayoría de los casos se detectan en etapas avanzadas, cuando el tumor ya se ha expandido fuera de los ovarios y las posibilidades de tratamiento curativo disminuyen considerablemente. Según la American Cancer Society, los síntomas iniciales suelen ser poco específicos y fácilmente confundibles con otros trastornos digestivos o urinarios, lo que dificulta el diagnóstico temprano.
En
Argentina, el cáncer de ovario
continúa representando una problemática sanitaria relevante. De acuerdo
con el
Observatorio Global del Cáncer (GLOBOCAN, por sus siglas en inglés
Global
Cancer Observatory), desarrollado por la Agencia Internacional para la
Investigación sobre el Cáncer (IARC, International Agency for Research
on
Cancer), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS),
Argentina
registró más de 130.000 nuevos casos de cáncer en 2020 considerando
ambos
sexos, posicionándose entre los países latinoamericanos con incidencia
media-alta de cáncer. En el caso específico del cáncer de ovario,
distintas
estimaciones epidemiológicas utilizadas por el Instituto Nacional del
Cáncer y
publicaciones científicas regionales indican que en el país se
diagnostican
alrededor de 2.200 casos nuevos por año. Además, la base Cancer Today de
IARC-GLOBOCAN actualizó en 2024 sus estimaciones mundiales utilizando
datos de 2022 para incidencia y mortalidad por cáncer en 185 países.
Uno de los mayores obstáculos es que sus
síntomas suelen ser inespecíficos y confundirse con trastornos digestivos,
urinarios o cambios hormonales cotidianos. Distensión abdominal persistente,
sensación de hinchazón, dolor pélvico o abdominal, necesidad frecuente de
orinar, pérdida de apetito o sensación de saciedad rápida son algunos de los
signos más comunes. Sin embargo, cuando estos síntomas aparecen de forma
repetida, progresiva y durante varias semanas, los especialistas recomiendan
realizar una consulta médica. La American Cancer Society y los Centros para el
Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, Centers for
Disease Control and Prevention) remarcan que la persistencia de estos síntomas
es una de las principales señales de alerta.
El cáncer de ovario puede afectar a
mujeres de distintas edades, aunque el riesgo aumenta significativamente con el
paso de los años teniendo su mayor incidencia (fuera de causas genéticas) entre
60-65 años. Existen además factores predisponentes claramente identificados:
antecedentes familiares de cáncer de ovario o mama, mutaciones genéticas
hereditarias como BRCA1 y BRCA2 (genes vinculados a la reparación del ADN y
asociados también al cáncer de mama), síndrome de Lynch, obesidad,
endometriosis y ciertos antecedentes reproductivos, como no haber tenido
embarazos. La evidencia científica también demuestra que las mujeres portadoras
de mutaciones BRCA presentan un riesgo considerablemente mayor de desarrollar
este tumor a lo largo de la vida.
En los últimos años, la investigación
científica permitió avanzar significativamente tanto en el conocimiento de la
enfermedad como en sus tratamientos. La hipótesis actual es que el cáncer de
ovario se origina en realidad en las trompas de Falopio, lo que modificó
estrategias preventivas y quirúrgicas. Además de la cirugía y la quimioterapia,
que continúan siendo pilares terapéuticos, se incorporaron terapias dirigidas
que cambiaron el pronóstico de muchas pacientes. Entre ellas se destacan los
inhibidores PARP (Poly ADP-ribose Polymerase, un grupo de proteínas
involucradas en la reparación del ADN celular),
medicamentos diseñados especialmente para tumores con alteraciones genéticas
específicas, que lograron prolongar la sobrevida y mejorar el control de la
enfermedad en numerosos casos, terapéuticas como el hipec en escenarios muy específicos.
Otro cambio importante es la creciente
incorporación de estudios genéticos y asesoramiento oncológico familiar.
Actualmente, múltiples guías internacionales recomiendan evaluar mutaciones hereditarias
en pacientes con cáncer de ovario epitelial, no solo para orientar tratamientos
personalizados sino también para identificar familiares con riesgo aumentado y
establecer medidas preventivas tempranas. Organismos como el Instituto Nacional
del Cáncer de Estados Unidos remarcan que la medicina personalizada ya forma
parte central del abordaje terapéutico de esta enfermedad.
A diferencia de otros tumores, todavía
no existe un método de screening efectivo para la población general que permita
detectar el cáncer de ovario de manera temprana. Por eso, la prevención se
enfoca especialmente en reconocer factores de riesgo, mantener controles
ginecológicos periódicos y promover la consulta temprana ante síntomas
persistentes. Algunas medidas, como el uso prolongado de anticonceptivos orales
en determinados contextos, el embarazo o la lactancia, se asociaron a una
reducción del riesgo, aunque siempre deben evaluarse de forma individual junto
al médico tratante
La información, la consulta temprana y
el acceso a diagnósticos y tratamientos adecuados siguen siendo herramientas
fundamentales para enfrentar una enfermedad que todavía necesita más conciencia
social, más investigación y más detección oportuna.