Diagnóstico de anemia: el rol clave del laboratorio y un enfoque multidisciplinario
- 6 de mayo de 2025
- Posted by: Administrador
- Categoría: Noticias

La
anemia sigue siendo una de las principales causas de consulta médica y
análisis de laboratorio en Argentina, afectando a diversos grupos
etarios y regiones del país.
A
nivel mundial, se calcula que padecen anemia el 40% de los niños y
niñas de 6 a 59 meses, el 37% de las mujeres embarazadas y el 30% de las
mujeres de 15 a 49 años. Se considera un grave problema de salud
pública que afecta especialmente a niños y niñas pequeños, mujeres
embarazadas y puérperas, y adolescentes y mujeres que menstrúan. También
afecta más a las personas mayores, debido generalmente a enfermedades
crónicas como diabetes, hipertensión, alteraciones renales.
La
anemia se caracteriza por una disminución en la concentración de
hemoglobina en la sangre, un factor clave para el transporte de oxígeno
en los glóbulos rojos, los cuales adquieren su color debido a esta
proteína. La cantidad de hemoglobina necesaria varía según la edad, el
sexo y el estado fisiológico de la persona, lo que explica por qué los
valores normales difieren entre hombres, mujeres, niños y mujeres
embarazadas. Las Guías de Diagnóstico y Tratamiento de la Sociedad
Argentina de Hematología, 2021, proporcionan tablas específicas con
estos valores. En términos generales, se considera que una persona tiene
anemia cuando los niveles de hemoglobina están por debajo de 13,5 g/dl
en hombres y por debajo de 12 g/dl en mujeres.
Para diagnosticar la anemia, se utilizan varios métodos:
- Hemograma: Es un análisis completo que mide la cantidad y las características de los glóbulos rojos, blancos y plaquetas en la sangre. Incluye la medición de hemoglobina, la proteína vital en los glóbulos rojos que transporta oxígeno a través del cuerpo, y el hematocrito, que indica el porcentaje de los glóbulos rojos en relación con el volumen total de sangre. Estos valores son esenciales para detectar trastornos como la anemia, infecciones y otras afecciones hematológicas, ya que permiten observar no solo la cantidad de células, sino también posibles alteraciones en su forma o tamaño.
- Frotis de sangre periférica: consiste en extender una gota de sangre en un portaobjetos de vidrio, teñirla y examinarla bajo el microscopio. Esto permite analizar el tamaño, forma y número de células sanguíneas, ayudando a identificar diferentes tipos de anemia.
- Marcadores bioquímicos y pruebas complementarias: Incluyen análisis como el perfil de hierro, que mide los niveles de hierro en la sangre y vitamina B12 y ácido fólico, esenciales para la formación de glóbulos rojos. Además, se realizan pruebas como la enzima LDH (lactato deshidrogenasa), que puede estar elevada en ciertos tipos de anemia, y la prueba de Coombs, que detecta anticuerpos contra los glóbulos rojos en caso de anemia autoinmune. Otra prueba, la electroforesis de hemoglobina, permite identificar hemoglobinas anormales.
Los
reticulocitos son glóbulos rojos inmaduros producidos por la médula
ósea. Su medición es un indicador clave de la actividad de la médula
ósea en la producción de glóbulos rojos. Cuando los niveles de
reticulocitos están aumentados, puede ser una señal de anemia
hemolítica, en la que los glóbulos rojos se destruyen prematuramente, lo
que lleva a una mayor producción compensatoria por parte de la médula
ósea. También pueden elevarse en situaciones de hemorragias agudas o
cuando el cuerpo está respondiendo a la falta de oxígeno, como en
enfermedades pulmonares crónicas o en la anemia regenerativa.
Por otro lado, si los reticulocitos están por debajo del nivel normal,
esto puede indicar anemia carencial, donde la médula ósea no produce
suficientes glóbulos rojos debido a la falta de nutrientes esenciales,
como hierro, vitamina B12 o ácido fólico.
Roxana Vanden Ryn,
bioquímica con una sólida formación en Hematología y responsable de las
áreas de Hematología, Hemostasia y Citometría de Flujo en Labmedicina,
resalta la importancia de un enfoque multidisciplinario en el
diagnóstico de la anemia: “El
diagnóstico de la anemia involucra la colaboración de diversos sectores
de la salud. El médico es el primer punto de contacto con el paciente,
realizando la anamnesis y recopilando datos clínicos y síntomas. La
historia familiar es fundamental, ya que enfermedades o alteraciones
heredadas pueden orientar el pedido de estudios específicos. En el
laboratorio, disponemos de múltiples herramientas y marcadores que nos
permiten avanzar hacia un diagnóstico preciso. Contamos con el hemograma
automatizado que proporciona información clave sobre los niveles de
hemoglobina, eritrocitos, leucocitos y plaquetas. Además, ofrece datos a
través de los índices hematimétricos, que nos ayudan a evaluar el
tamaño y forma de los glóbulos rojos, facilitando la clasificación de
las anemias. En el sector de hematología, también realizamos el frotis
de sangre periférica, lo cual nos permite evaluar la morfología y
detectar patologías específicas de los glóbulos rojos, como la anemia
hemolítica y otras patologías hematológicas asociadas a las otras series
como trombocitopenias o leucemias.”
Debido
a la alta prevalencia de la anemia en la población, es esencial contar
con un equipo de salud capacitado y con herramientas diagnósticas
precisas para su detección y tratamiento oportunos.
“La
anemia puede clasificarse en aguda o crónica. Las formas agudas,
causadas por una pérdida rápida y significativa de sangre, como en
hemorragias graves, pueden poner en riesgo la vida. Esta condición
obliga al corazón a trabajar más intensamente para compensar la
disminución de la cantidad o calidad de la sangre, lo que incrementa el
riesgo de infartos, arritmias y accidentes cerebrovasculares. Las
anemias crónicas se desarrollan gradualmente, generalmente debido a
enfermedades inflamatorias, infecciones o trastornos autoinmunes, que
afectan la producción adecuada de glóbulos rojos y, por ende, la
capacidad del cuerpo para transportar oxígeno. Las anemias crónicas
están asociadas a patologías como la insuficiencia renal crónica, la
artritis reumatoide y ciertos tipos de cáncer, y pueden ocasionar fatiga
persistente, palidez y dificultad para realizar actividades cotidianas.
Entre las anemias más comunes y de gran relevancia están las anemias
carenciales, que son causadas por la deficiencia de nutrientes
esenciales como hierro, vitamina B12 o ácido fólico. Estas anemias son
particularmente importantes debido a su alta prevalencia y su impacto en
la salud pública” , agregó Vanden Ryn.
Los
síntomas de las anemias incluyen cansancio, mareos, frío en manos y
pies, cefaleas, disnea al realizar esfuerzos. Un cuadro más grave puede
incluir palidez de la boca, la nariz, la piel y debajo de las uñas,
respiración y ritmo cardíaco acelerados, mareos simplemente al ponerse
de pie y aparición de hematomas sin haberse golpeado.
Varios
aspectos producen las anemias: carencias nutricionales, una dieta
incompleta (sin carnes rojas) tener problemas de absorción de nutrientes
(por ejemplo, en casos de celiaquía), infecciones, procesos
inflamatorios, enfermedades crónicas (cáncer, problemas renales,
artritis reumatoidea, etc), problemas ginecológicos y obstétricos y
trastornos hereditarios en los glóbulos rojos, que suelen afectar con
más frecuencia a poblaciones originarias del Mediterráneo (sur de España
e Italia, norte de África), como
por ejemplo la α- y β-talasemia, debidas a anomalías en la síntesis de
la hemoglobina, los trastornos de células falciformes por cambios en la
estructura de la hemoglobina, otras hemoglobinopatías debidas a
variantes genéticas, anomalías de las enzimas o la membrana de los
glóbulos rojos.
Existe
una larga lista de anemias. Las más frecuentes son las causadas por
deficiencia de vitamina B12, hierro y/o ácido fólico; anemias por
enfermedades crónicas; hemolítica (los glóbulos rojos se destruyen antes
de lo normal); aplásica idiopática (se dañan las células madre que
producen los glóbulos rojos); anemia drepanocítica (un trastorno
hereditario que altera la forma de los glóbulos rojos por presencia de
una hemoglobina anómala), talasemia (un trastorno hereditario en que el
organismo produce una forma anormal de hemoglobina)
Según
el tipo de anemia, los tratamientos pueden incluir suplementación con
hierro, vitamina B12, ácido fólico y otras vitaminas y minerales.
También puede administrarse eritropoyetina (una hormona que ayuda a que
la médula produzca más glóbulos rojos) y en casos más severos son
necesarias transfusiones de sangre.
Para finalizar, Vanden Ryn señala: “Las
anemias carenciales son una de las principales causas de morbilidad en
diversas poblaciones. Su alta prevalencia convierte estas condiciones en
un problema significativo de salud pública. La detección temprana, el
tratamiento adecuado y la prevención son fundamentales para reducir el
impacto de estas anemias, especialmente en los grupos más vulnerables,
como mujeres, niños y personas mayores. Es clave que trabajemos en
colaboración multidisciplinaria en su diagnóstico y manejo, y que, a su
vez, fomentemos la concientización sobre la importancia de una nutrición
adecuada. Todo esto juega un papel crucial en la mejora de la salud de
la población.”
El
laboratorio, como un pilar clave en el diagnóstico y monitoreo de la
anemia, desempeña un papel fundamental no solo en la detección precoz de
la enfermedad, sino también en el seguimiento de la respuesta
terapéutica y la prevención de complicaciones. Su capacidad para generar
datos precisos y actualizados sobre los parámetros hematológicos es
crucial para guiar las decisiones clínicas y optimizar los tratamientos,
contribuyendo significativamente a la mejora de la salud pública.