Dermatitis atópica: la demora en el acceso al tratamiento puede afectar la calidad de vida

La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad crónica y multifactorial de la piel, cuyo principal síntoma es la picazón permanente, con lesiones que pueden ubicarse en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y las zonas de las extremidades[. “El impacto en la calidad de vida de los pacientes con dermatitis atópica (DA) es muy alto ya que atraviesa todo su entorno familiar, laboral y social. Es común en los niños pequeños, pero puede manifestarse a cualquier edad. En nuestro país, se estima que la DA afecta al menos al 10% de los niños y adolescentes, y en cerca de 3 de cada 10 casos, la enfermedad se mantiene en la adultez” explica la Dra. Carolina Ledesma, médica dermatóloga y presidenta de la Sociedad Argentina de Psoriasis (SOARPSO), MP 2754.

La piel tiende a
estar seca con una tendencia a generar eczemas y a picar. No siempre está igual
o estable, está en la naturaleza de la dermatitis atópica volver. Se presenta
en forma de brotes y remisiones”
describe la doctora Paula Luna, médica especialista en Dermatología y Dermatología
Infantil, presidenta de la Sociedad de Dermatología Pediátrica para
Latinoamérica (SDPL), MN 110953. “No
podemos curarla, pero tenemos la posibilidad de mejorarla y hacer muchas cosas
para tenerla bajo control y que moleste lo menos posible
” agrega.

En esta patología intervienen factores genéticos,
ambientales, alteraciones inmunológicas y problemas en la función de barrera de
la piel. Además, existen otras enfermedades desencadenadas por el mismo proceso
inflamatorio. “Es muy frecuente que la dermatitis coexista con diferentes
afecciones alérgicas como la rinitis, el asma o manifestaciones alérgicas alimentarias”

indica la doctora Anahí Yáñez, médica
especialista en alergia e inmunología, investigadora principal en enfermedades
alérgicas y respiratorias y miembro de la Asociación Argentina de Alergia e
Inmunología Clínica (AAAeIC), MN 81656.

“En estos casos es importante un abordaje multidisciplinario en donde el dermatólogo y el alergólogo trabajen de manera
interdisciplinaria beneficiando al paciente en el cuidado simultáneo de su piel
y su alergia”
agrega.

La dermatitis atópica impacta en los ámbitos laboral,
escolar, social, vincular y económico.

La picazón, su principal síntoma, no es un aspecto menor, las personas a las que la piel les pica en forma crónica e intensa (que sucede en contextos o situaciones imposibles de controlar como la escuela, el trabajo, en el transporte público, en un evento social o al intentar dormir) tienen el triple de posibilidades de desarrollar depresión y el doble de experimentar ansiedad[. “Esta es una enfermedad que tiene un alto impacto en la calidad de vida. Muchas de las personas con esta enfermedad manifiestan aumento en el nivel de estrés, ansiedad, depresión y problemas para conciliar el sueño” describe Silvia Fernández Barrio, presidenta de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO).

El diagnóstico a tiempo es el primer paso para poder
cambiar el rumbo de la dermatitis. Dependiendo del perfil del paciente, es una
enfermedad que, especialmente en la primera infancia, puede lograr la remisión
en un número significativo; en otros casos, puede requerir de un tratamiento
crónico y controlado por profesionales especializados.  Es muy importante consultar ante los primeros
síntomas. “Este enfoque posibilita la implementación de un tratamiento
personalizado y adaptado a las características específicas del paciente,
facilitando la mitigación de los síntomas en casos de enfermedad de mayor
gravedad y avance. Asimismo, permite la identificación y manejo, cuando sea
pertinente, de las comorbilidades asociadas, y en las formas leves, contribuye
a prevenir la progresión del eczema”
explica la doctora Luna.  

En el último tiempo, los especialistas han comenzado a utilizar el concepto de MDA (Manejo Dermatológico Adecuado), que consiste en trabajar de manera conjunta entre el médico y el paciente para definir los objetivos del tratamiento. Esto significa que el control de la enfermedad no depende solo de la medicación, sino también de una comunicación permanente, seguimiento regular y adaptación de las estrategias según la evolución de cada persona. El tratamiento compartido permite que el paciente participe activamente en las decisiones y en el cuidado diario de su piel, logrando así mejores resultados y una mayor calidad de vida.[

Para los casos con enfermedad moderada o grave se siguen
utilizando los tratamientos convencionales, pero en los últimos años, han
aparecido diversas herramientas terapéuticas que permiten mejorar
sustancialmente la calidad de vida, controlando la picazón y las lesiones
cutáneas de los pacientes que van desde los medicamentos biológicos
(inhibidores de las interleuquinas 4 y 13), hasta los tratamientos
orales (inhibidores de JAK).

“Hoy en día disponemos de diversas opciones terapéuticas
aprobadas para abordar esta enfermedad, que van desde medicamentos orales hasta
terapias biológicas. Estas alternativas tienen como objetivo aliviar los
síntomas cutáneos, disminuir la picazón y evitar recaídas. Además, es
fundamental complementar el tratamiento con la identificación de factores que
puedan desencadenar o empeorar la afección, así como con una correcta educación
sobre el cuidado de la piel. Cabe destacar que cada tratamiento debe adaptarse
a las necesidades específicas de cada paciente”
puntualiza la Dra. Cecilia Civale, presidenta de
la Asociación Argentina de Dermatología (AAD), MN 122.479.

Acceder al tratamiento es clave para garantizar un mejor
manejo y control de la enfermedad. En este sentido, AEPSO llevó a cabo recientemente
una encuesta a nivel nacional que evidenció los principales obstáculos en el
acceso a los tratamientos y cómo eso impacta en la calidad de vida de los
pacientes. Los encuestados fueron 150 profesionales especializados de todo el
país —dermatólogos/as, alergólogos/as y reumatólogos/as—, con experiencia en el
manejo de dermatitis atópica y otras enfermedades inmunomediadas de la piel
como psoriasis, hidradenitis supurativa, vitiligo, urticaria crónica y alopecia
areata.

Uno de los principales hallazgos tiene que ver con la
demora en la autorización de la medicación: en el 71% de los casos la
aprobación supera los 30 días o directamente se rechaza. Sin ella, el
tratamiento no puede iniciarse. La
demora en la entrega es otra de las principales trabas que se identificaron en
el relevamiento: el 22% espera más de 30 días o no recibe la medicación. Esto
se traduce en inicios tardíos o dosis que se saltean. La encuesta evidenció
además que no siempre se respeta la indicación médica: en el 48% de los casos
se cambian drogas o esquemas por motivos no clínicos (como precios o convenios)
y esto puede afectar la adherencia y los resultados. “Si bien por el
contacto diario que tenemos con los pacientes conocemos las trabas y
dificultades cotidianas, este relevamiento ofrece datos concluyentes y es muy
importante que se tomen en cuenta”
concluye Silvia Fernández Barrio.