Cuidar sin ataduras: el cambio de paradigma que transforma la atención de las personas mayores

En la revisión de los modelos
tradicionales de atención de personas mayores, el uso de sujeciones físicas y/o
de fármacos comienza a ser crecientemente cuestionado por su impacto negativo
en la salud física, emocional y cognitiva de las personas mayores. En este
contexto, Centro Hirsch se posiciona como una institución referente en
la transformación del cuidado de largo plazo y, desde hace más de diez años,
impulsa un enfoque basado en cuidar sin ataduras, centrado en la
dignidad, el respeto y la libertad de movimiento, dejando atrás prácticas
restrictivas que vulneran derechos fundamentales.

La iniciativa nació como una respuesta
innovadora frente a prácticas históricamente naturalizadas en el ámbito de la
salud, como las sujeciones físicas y a psicofármacos (conocidos como sujeciones
químicas), que hoy son ampliamente cuestionadas por su impacto negativo en la
salud física y emocional. De este modo, un equipo de colaboradores de Centro
Hirsch participó de una capacitación dictada por especialistas internacionales,
en el marco de un programa con más de 20 años de trayectoria, originalmente orientado
a personas con Alzheimer y otras demencias.

“Durante años se creyó que sujetar a una
persona con demencia era cuidarla mejor. Hoy sabemos que es exactamente lo
contrario”, explica Rodrigo Mauna, Coordinador Médico de Centro Hirsch. “Atar a una persona a una
silla o a una cama no solo limita su libertad, sino que genera consecuencias
físicas y psicológicas profundas: mayor agitación, deterioro cognitivo, pérdida
de autonomía, depresión y un aumento del riesgo de lesiones graves”.

Al iniciar este proceso de
transformación, la institución registraba niveles de sujeción similares a los
que existían en otros países al comienzo de este movimiento: cerca del 38%.
Tras un trabajo sostenido de capacitación, revisión de prácticas y cambio
cultural, Centro Hirsch logró alcanzar hoy un índice de sujeción cero,
con excepción de situaciones médicas muy específicas, siempre bajo prescripción
profesional y como último recurso.

El principal desafío no fue técnico, sino
cultural. Romper con una inercia arraigada durante décadas implicó un profundo
trabajo con todo el equipo interdisciplinario —enfermería, médicos,
kinesiología, terapia ocupacional— y también con las familias, que muchas veces
solicitaban sujeciones por miedo a caídas o lesiones. La clave estuvo en la
formación, el acompañamiento y la evidencia concreta de los resultados.

El nuevo modelo se basa en una atención
centrada en la persona, entendiendo que no existen soluciones universales. Cada
persona mayor es abordada según su historia, sus necesidades y su estado físico
y cognitivo. Entre las estrategias implementadas se incluyen adaptaciones
ambientales, eliminación de barreras arquitectónicas, pisos y calzados seguros,
fortalecimiento muscular, sectores especialmente preparados para personas que
deambulan y recursos preventivos como protectores de cadera.

En lugar de recurrir a la administración
de psicofármacos o a la inmovilización, el equipo busca comprender las causas
de la agitación o el malestar: desde un dolor no expresado hasta una
incomodidad ambiental o emocional. Intervenciones simples —como modificar el
entorno, cambiar rutinas o utilizar estímulos significativos, como la música—
han demostrado ser altamente efectivas para evitar sanciones innecesarias y
reducir el uso de psicofármacos.

Los resultados son contundentes: mejora en la movilidad, recuperación de
funciones perdidas, mayor participación en actividades cotidianas y una mejora
sustancial en la calidad de vida. Personas que llegaron sujetas o medicadas
desde otras instituciones lograron volver a caminar, socializar y participar
activamente de la vida cotidiana.

“Cuidar no es limitar. Cuidar es
preservar la dignidad, la seguridad y la libertad de las personas”, concluye
Mauna. “En una sociedad que envejece, avanzar hacia modelos de cuidado más
humanos, respetuosos e innovadores no solo es una necesidad sanitaria, sino
también un compromiso ético”.