Cáncer de cuello uterino: la importancia del diagnóstico para salvar vidas
- 26 de marzo de 2025
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El VPH (o HPV) es un virus que
produce la infección de transmisión sexual más común en el mundo. Se estima que
8 de cada 10 adultos sexualmente activos contraerán VPH en algún momento de sus
vidas.
Si bien en la mayoría de los casos
el virus desaparece espontáneamente en un período de dos años1,
algunas variantes de alto riesgo pueden persistir y, con el tiempo, generar
lesiones que evolucionen a cáncer de cuello de útero.
Aunque la enfermedad puede
prevenirse y, si se detecta a tiempo es curable, las altas tasas de incidencia
y mortalidad en América Latina continúan siendo un desafío, por lo cual
informar y concientizar sobre la importancia de la prevención y la detección
temprana es clave para reducir su impacto y salvar más vidas.
En Argentina, aproximadamente
4.700 mujeres son diagnosticadas con cáncer de cuello uterino cada año, y se
estima que 2.500 fallecen a causa de esta enfermedad. A pesar de ser prevenible
y tratable en sus etapas iniciales, sigue siendo un problema de salud pública
que requiere mayor concientización y acceso a controles médicos2.
“Observamos mucha desinformación y
falta de educación sexual integral que permita a la población tener recursos
para prevenir las infecciones de transmisión sexual en general. La prevención
es clave”, expresa la Dra. Vanina Fishkel, médica ginecóloga especialista en
patología cervical. La concientización ha aumentado considerablemente en los
últimos años gracias a las campañas globales y locales, y al fortalecimiento de
los sistemas de salud; y la educación juega un papel crucial, ya que ayuda a
las mujeres a comprender la importancia de la prevención, las opciones de
vacunación y las pruebas de detección temprana. La educación también combate la
desinformación y los tabúes relacionados con la salud sexual y reproductiva”,
agrega la especialista.
La importancia de la prevención y
diagnóstico temprano
El cáncer de cuello uterino afecta
a toda la sociedad, pero es una de las pocas enfermedades oncológicas que se
pueden prevenir de manera efectiva. Para ello, existen dos estrategias
complementarias de prevención:
● Prevención primaria: evitar la infección por VPH mediante el uso
de preservativos en todas las relaciones sexuales y la administración de las
vacunas contra la infección por VPH.
● Prevención secundaria: realizando la detección y el tratamiento a
tiempo de las lesiones precancerosas. Estas lesiones no tienen síntomas
visibles por eso para detectarlas se requiere el tamizaje mediante la
aplicación periódica de un test.
En este contexto, el Papanicolaou
(PAP) y el test molecular de VPH juegan un papel clave, ya que permiten
identificar alteraciones celulares y la presencia del virus respectivamente,
facilitando el tratamiento oportuno y reduciendo el riesgo de la enfermedad.
El primero es el estudio
citológico tradicional (PAP) que detecta cambios en las células del cuello
uterino provocados por el VPH. En Argentina, está indicado para todas las
mujeres a partir de los 25 años o a los 3 años del comienzo de la actividad
sexual (según guías), debe repetirse periódicamente y se ofrece de manera
gratuita en el sistema de salud pública3.
La vacuna contra el VHP previene la infección por los tipos que causan la mayoría de los cánceres de cuello uterino.
Por su parte, el test molecular de
VPH disponible en el país desde 2011 cuando se implementó como método de
tamizaje primario en mujeres a partir de 30 años, permite identificar la
presencia del ADN del virus y detectar los tipos de alto riesgo. Se recomienda
su repetición cada 5 años en caso de ser negativo, y su sensibilidad supera el
90%, lo que lo convierte en una herramienta superadora y altamente efectiva
para la prevención secundaria4.
“La introducción de la vacuna
contra el VPH ha sido un avance monumental. Esta vacuna previene la infección
por los tipos de VPH que causan la mayoría de los cánceres de cuello uterino.
Además, la mejora de las pruebas de detección, como el test molecular de VPH,
ha permitido identificar más rápidamente a las personas con alto riesgo”,
describe Fishkel. “En nuestro país, contar con vacunación gratuita y
obligatoria es un gran paso, aunque respecto al acceso a sistema de salud
seguimos observando mucha inequidad por lo tanto eso repercute en que el cáncer
de cuello uterino sigue siendo un tema que preocupa mucho en nuestra región”,
agrega.
En Argentina, los objetivos
locales incluyen garantizar la vacunación gratuita contra el VPH que se aplica
a todos los adolescentes (varones y mujeres) a los 11 años como parte del
Calendario Anual de Vacunación. Además, el Ministerio de Salud, trabaja para
eliminar barreras de acceso a través del fortalecimiento de los programas de
prevención jurisdiccionales, la ampliación de la cobertura del tamizaje, la
mejora en la calidad diagnóstica y el acceso al tratamiento, así como el
desarrollo de acciones comunicacionales para concientizar sobre la importancia
del control periódico5.
“Las campañas de prevención,
como la vacunación y el Papanicolaou, han sido clave para reducir la incidencia
y mortalidad del cáncer de cuello uterino en Argentina. Si bien las
estadísticas muestran un impacto positivo, aún existen barreras que dificultan
el acceso a la atención, especialmente en zonas más vulnerables. Es fundamental
fortalecer las políticas de salud pública para garantizar que toda la población
pueda completar la cadena de prevención y tratamiento” sostiene Fishkel.
“Además, la educación sigue siendo una herramienta crucial para concientizar,
derribar mitos y asegurar que más mujeres accedan a los controles periódicos”.
Hacia un futuro más saludable y
libre de cáncer de cuello uterino
“Garantizar el acceso
universal a la vacunación contra el VPH y a los exámenes regulares es
fundamental para la prevención del cáncer de cuello uterino, sin que la
ubicación geográfica o la situación socioeconómica sean una barrera” concluye
la médica. “Resulta crucial mejorar el acceso a tratamientos en etapas
avanzadas y fortalecer los servicios de salud para que sean verdaderamente
accesibles y eficaces para todas las mujeres.”
Para lograrlo, es esencial seguir
trabajando en la concientización, el acceso equitativo a los servicios de salud
y la educación sobre la importancia de la prevención y el diagnóstico temprano.
La colaboración público-privada entre los distintos actores del sector de salud
es clave para que todas las mujeres, sin importar su ubicación geográfica o
condición socioeconómica, puedan acceder a las herramientas necesarias para
prevenir y tratar esta enfermedad.