Alzheimer, una enfermedad que afecta a más de 55 millones de personas en todo el mundo
- 20 de septiembre de 2024
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Además,
por segunda vez, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se une
con Alzheimer’s Disease International (ADI) y otras entidades regionales
para amplificar el mensaje de la campaña de este año: “Es hora de
actuar por la demencia”, con el fin de combatir el estigma y la
desinformación que rodean a la demencia, que afecta a más de 55 millones
de personas en todo el mundo y según la OMS esta cifra podría casi
triplicarse a 2050.
La Dra.
Daniela Sosa, especialista en neurología de DIM CENTROS DE SALUD,
explica que es una enfermedad progresiva, en la que los síntomas de
demencia empeoran gradualmente con el paso de los años. Existe un
declive lento y progresivo de la funcionalidad mental, incluida la
memoria, el pensamiento, el juicio y la capacidad para aprender. Se
desconoce su causa, pero los factores genéticos desempeñan un papel
importante: entre el 5 y el 15% de los casos son hereditarios.
El
síntoma temprano más común es la dificultad para recordar información
recién aprendida porque los cambios ocasionados generalmente comienzan
en la parte del cerebro que afecta al aprendizaje, con progresivos
defectos en asimilar nuevos procesos, así como en el almacenamiento de
la información, disminución del recuerdo diferido y olvidos rápidos.
A medida
que avanza en el cerebro, agrega la especialista, se agravan los
síntomas, entre ellos, la desorientación; cambios en el humor y el
comportamiento; confusión cada vez más grave en relación con eventos,
horas y lugares; sospechas infundadas sobre familiares, amigos y
cuidadores profesionales; pérdida de memoria y cambios en el
comportamiento más graves, y finalmente, dificultad para hablar, tragar y
caminar.
La
mayoría de los pacientes con esta enfermedad (95%) la desarrolla después
de los 65 años, lo que se conoce como la forma de inicio tardío. Solo
el 5% presenta la forma de inicio temprano, que generalmente aparece
entre los 40 y 60 años. La Dra. señala que la edad avanzada es el
principal factor de riesgo para el Alzheimer, y su incidencia aumenta
significativamente a partir de los 65 años, afectando del 5 al 10% de la
población por encima de esta edad.
La especialista responde 5 preguntas clave:
¿Cómo se diagnostica?
El
diagnóstico se basa en los síntomas y en los resultados de una
exploración física, pruebas del estado mental, análisis de sangre y
pruebas de diagnóstico por imagen. Es fundamental que el paciente
consulte al especialista en neurología, si es posible en compañía de
algún familiar, conviviente o conocido que pueda aportar datos de la
vida diaria del mismo.
Se
realizará un exhaustivo examen neurológico y se solicitarán estudios de
neuroimagen, evaluación neurocognitiva y laboratorio que permitan por
otro lado descartar diagnósticos diferenciales. Existen criterios (cómo
los de NINCDS-ADRDA) que permiten realizar el diagnóstico de enfermedad
de Alzheimer Probable, Posible, Definitiva (se requiere de biopsia
cerebral, por lo que no es habitual el diagnóstico definitivo en vida), o
Improbable.
Cualquier
persona que experimente síntomas similares a los de la demencia debe
visitar a un médico inmediatamente. El diagnóstico temprano y los
métodos de intervención mejoran notablemente, y las opciones de
tratamiento y fuentes de apoyo pueden mejorar la calidad de vida.
¿Cuáles son sus etapas?
La
mayoría de los pacientes evolucionan en tres típicas etapas, leve,
moderada y severa, cada una de ellas caracterizadas por atributos
cognitivos, conductuales y funcionales característicos, transitando
desde pequeñas fallas en la memoria episódica hasta la discapacidad
física y mental completa, con severo compromiso de funciones básicas
como alimentación, aseo, deambulación, etc.
¿El Alzheimer afecta por igual a hombres y mujeres?
En la
mayoría de los estudios se encuentra que la mujer tiene mayor riesgo que
los hombres para desarrollar esta enfermedad, no sólo por su mayor
expectativa de vida sino por la influencia de factores hormonales y
genéticos, todavía no bien esclarecidos.
¿Cómo se ve afectado el entorno familiar del paciente con Alzheimer y cuáles serían las recomendaciones para ese entorno?
En la
enfermedad de Alzheimer, el entorno familiar se ve afectado notablemente
y es de gran importancia su atención y cuidado. En general, el paciente
tiene poca o nula conciencia de la enfermedad, es decir, que suelen
consultar al médico no por sus medios sino traídos por familiares
cercanos que notan un cambio en su condición cognitiva o comportamiento.
Es
importante brindar información al entorno por la evolución progresiva y
la creciente dependencia de terceros por parte del paciente, que en
etapas avanzadas requieren asistencia para cuestiones básicas como
alimentación, control de esfínteres, aseo, vestido y deambulación. Son
frecuentes también los trastornos de conducta como agresividad o
excitación y es importante tener presente que no se debe confrontar con
el paciente. Cuando el/los cuidadores se ven sobrepasados y comienza a
verse afectada su salud es conveniente la internación del paciente en
hogares con personal especializado que pueda asistirle las 24 horas.
¿Cuál es el tratamiento recomendado?
En la
actualidad, el Alzheimer no tiene cura, pero hay tratamientos para los
síntomas disponibles y se continúa investigando. Si bien los
tratamientos actuales no pueden detener el avance de la enfermedad,
pueden ralentizar por un tiempo el empeoramiento de los síntomas y
mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer y sus
cuidadores.
A partir
de algunos estudios contra placebo se ha demostrado el beneficio de
tratamiento farmacológico con sustancias que actúan modificando la
neurotransmisión cerebral, como los inhibidores de colinesterasas
(donepecilo, rivastigmina, galantamina) en etapas iniciales y moderadas y
los moduladores del glutamato como la memantina en etapas moderadas a
avanzadas.
Otros
fármacos se utilizan para controlar algunos síntomas que suelen
asociarse a la enfermedad, como las alteraciones conductuales, los
trastornos del ritmo sueño vigilia y las alucinaciones. Ejemplos de
éstos son los neurolépticos atípicos como la quetiapina, los inhibidores
de recaptación de serotonina como la fluoxetina o los hipnóticos como
el zolpidem. Entre las opciones no farmacológicas se destaca la
estimulación cognitiva o talleres de memoria y el ejercicio físico
aeróbico regular.
MEDIDAS DE APOYO
-Crear un ambiente seguro y de apoyo es muy beneficioso. El ambiente debe ser luminoso, agradable, seguro y estable, además de estar diseñado para facilitar la orientación. Es beneficioso que haya algo de estimulación, como un aparato de radio o un televisor, pero se debe evitar una estimulación excesiva.
-La organización y la rutina ayudan a mantenerse orientadas y les aportan sensación de seguridad y estabilidad. Debe explicarse de manera clara y simple cualquier cambio en el entorno, rutina o cuidadores.
-La repetición de una única rutina diaria para tareas como bañarse, comer o dormir ayuda a las personas con Alzheimer a recordar. Una rutina regular a la hora de acostarse también ayuda a dormir mejor.
-Las actividades programadas siguiendo una base regular favorecen la sensación de independencia y utilidad, al concentrar la atención en tareas agradables o provechosas. Entre estas actividades se deben incluir actividades físicas y mentales. Las actividades deben dividirse en partes más pequeñas o simples a medida que empeora la demencia.
Con el asesoramiento de la Dra. Daniela Sosa (MP 337838 // MN 151795) – Especialista en neurología de DIM CENTROS DE SALUD