Depresión: cuando el sufrimiento no siempre se dice con palabras

No es
solo una efeméride: es una oportunidad para volver a mirar de frente un
padecimiento frecuente, serio y todavía muchas veces invisibilizado. La
depresión no es simplemente estar triste ni una cuestión de actitud. Es una
enfermedad que atraviesa el ánimo, el cuerpo, el pensamiento y la manera de
estar en el mundo.

Según
la Organización Mundial de la Salud, más de 280 millones de personas viven con
depresión a nivel global. En distintos informes, el organismo la ha señalado
como una de las principales causas de discapacidad, e incluso como la principal
causa de discapacidad no mortal, por el impacto sostenido que tiene sobre la
posibilidad de trabajar, estudiar, vincularse y sostener la vida cotidiana.

En
Argentina, los datos disponibles muestran que los síntomas depresivos tienen
una alta prevalencia, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes, con
consecuencias visibles en la escuela, el trabajo y los vínculos familiares.

La
detección temprana es clave, y en ese sentido la atención primaria de la salud
cumple un rol decisivo. En la práctica cotidiana, muchas personas no consultan
diciendo que están deprimidas. Llegan por dolores persistentes, por un
cansancio que no se explica, por trastornos digestivos, cefaleas o insomnio.
Estudios normales, consultas repetidas y un malestar que no cede. Con
frecuencia, detrás de esos síntomas físicos hay una depresión que todavía no
pudo ser reconocida como tal.

Hay
señales que merecen ser escuchadas: la pérdida de interés por lo que antes
resultaba significativo, el agotamiento constante, los cambios en el sueño o el
apetito, la dificultad para concentrarse, la sensación de vacío o de no
encontrar salida. Cuando aparecen ideas de muerte o de hacerse daño, la
consulta profesional no puede esperar.

Acompañar
a alguien que atraviesa una depresión no implica dar consejos rápidos ni
minimizar lo que le pasa. Escuchar sin juzgar, validar el malestar y ayudar a
que esa persona acceda a una consulta en salud mental suele ser el primer paso
real hacia la mejoría. La depresión tiene tratamientos eficaces, sobre todo
cuando se aborda a tiempo y con continuidad.

En
el debate público sobre salud mental en nuestro país, impulsado en buena medida
por la legislación vigente, se ha puesto un énfasis necesario en las
situaciones más graves y en los dispositivos de internación. Al mismo tiempo,
la experiencia clínica y los datos epidemiológicos muestran que una parte muy
importante del sufrimiento psíquico cotidiano está dada por los trastornos
depresivos y de ansiedad, que afectan a millones de personas y muchas veces
transcurren sin diagnóstico ni tratamiento. Integrar estas problemáticas de
manera más plena en una mirada amplia del sistema de salud permitiría responder
mejor a las necesidades reales de la población.

La
prevención no se juega solo en el consultorio. También se construye en las
escuelas, las familias, los lugares de trabajo y las instituciones, promoviendo
educación emocional, vínculos de cuidado y un uso más saludable del entorno
digital. Pensar la salud mental como parte de la salud integral implica
fortalecer la atención primaria, sostener políticas públicas y seguir
reduciendo el estigma que todavía rodea al sufrimiento psíquico.

Hablar
de depresión con responsabilidad no genera alarma. Permite reconocer, acompañar
y tratar.

Rolando Salinas (MN 72.241)

Médico Psiquiatra

Jefe de Salud Mental, Hospital Alemán

Profesor de Psicología de la Salud, Universidad
Católica Argentina