Cada año mueren cerca de 4 mil personas por siniestros viales
- 6 de junio de 2025
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“En el tránsito, cada decisión cuenta. En un
contexto donde los siniestros viales siguen siendo una de las principales
causas de lesiones y muertes evitables, reflexionar sobre el autocuidado se
vuelve urgente y necesario. No se trata solo de cumplir normas: se trata de
reconocer que cada persona tiene en sus manos herramientas concretas para
proteger su vida y la de los demás”, comentó Ailín Catalá, especialista en comunicación en salud y jefa de
comunicación institucional de OSPEDYC.
De acuerdo al informe preliminar de 2024, de la Dirección de Estadística Vial de la Secretaría de Transporte de la Nación, se produjeron 2.343 siniestros fatales, con 3.894 fallecidos.
“Sin embargo – prosiguió Catalá-, basta con mirar a nuestro alrededor para
entender cuánto cuesta, todavía, asumir ese rol”.
Una
de las principales causas de accidentes es la distracción al volante, y el uso
del celular ocupa el primer lugar. Leer o responder un mensaje puede parecer
inofensivo, pero alcanza con bajar la vista tres segundos a 60 km/h para
recorrer más de 50 metros a ciegas. Usar el celular, manipular el GPS o incluso
girar para hablar con quienes van detrás compromete la atención plena que la
conducción exige. Y esa distracción, en un instante, puede cambiarlo todo.
Conducir,
entonces, no es solo moverse de un punto a otro. Es elegir a cada momento cómo
hacerlo: respetar las velocidades máximas, mantener distancia, ceder el paso,
usar las luces correctamente, evitar el alcohol o cualquier sustancia que
altere los reflejos. Son acciones pequeñas que, sumadas, salvan vidas. Y elegir
bien también es una forma de cuidar a quienes cruzan en una esquina, a quienes
comparten la ruta, a quienes esperan en casa.
Pero
la responsabilidad no se agota en quien maneja. La seguridad vial es una
construcción colectiva. Peatones y ciclistas también toman decisiones que
pueden marcar una diferencia: cruzar por la senda peatonal, mirar en ambos
sentidos, respetar semáforos, usar casco, llevar elementos reflectivos de
noche. Cada gesto importa.
Y
cuando hay menores a bordo, el compromiso es aún mayor. Ningún trayecto es tan
corto como para no usar una sillita. Ningún viaje es tan urgente como para
olvidar el cinturón. Los niños deben viajar en el asiento trasero, sujetos con
sistemas de retención adecuados a su edad, peso y talla. Esos elementos, que a
veces se subestiman, están diseñados para protegerlos ante cualquier frenada o
impacto.
“En muchas rutas y calles del país, las estrellas amarillas en el camino nos hablan sin decir una palabra. Son huellas de vidas que se apagaron de manera abrupta. Detrás de cada una hay una historia interrumpida, una familia atravesada por el dolor, un entorno que ya no vuelve a ser igual. Pero no hace falta que un accidente sea fatal para cambiarlo todo. Las secuelas físicas, los dolores crónicos, las discapacidades, el trauma emocional… todo eso también deja marca. Y no solo en quien lo sufre directamente, sino en quienes lo rodean, y en un sistema de salud que muchas veces no da abasto con la atención y rehabilitación que estas situaciones demandan”, aseguró Ailín Catalá.
“Prevenir
no es solo evitar muertes, sino elegir el autocuidado como forma de proteger la
propia vida y la de los demás, evitando sufrimientos innecesarios, preservando
la salud física y emocional y construyendo una convivencia más segura. El
autocuidado se pone en práctica en cada decisión que tomamos al movernos:
cuando prestamos atención, respetamos las normas y actuamos con
responsabilidad, reducimos riesgos y marcamos una diferencia”, finalizó la
especialista.